31 mayo 2017

Gusano en extinción


Porque en cada momento que no existes, realmente estás.


Estas líneas las escribo en una pausa del trabajo, en medio de hamburguesas que me prohibí semanas enteras y manzanillas que me animé a preparar en un vaso de vidrio. Digito las palabras escabulléndome de conversaciones sobre género, feminismo, aborto terapéutico y acciones de incidencia, esas que tanto criticas y que tanto debatimos en el taxi camino a tu afamada covacha.

Ya no somos meros ex enamorados, sino confidentes, de esos que se conocen sus cuitas como la palma de la mano, y que al recordarnos nos amamos nuevamente, pero no el uno al otro, si no a nosotros mismos. ¡Qué diáfana relación!, besarnos mientras me cuentas cuánto te gusta ella, y yo te saco el polo de chico universitario mientras te cuento cómo se llama quien me gusta, te muestro su foto y le pones apodos y yo sólo te miro traviesa, como quien comparte sus cartas pokemón go y se sabe triunfadora en cada jugada, cuando realmente el verdadero jugador eres tú.

Las relaciones humanas siempre me han sorprendido por su maleabilidad y capacidad de cambiar realidades en menos tiempo de lo que vive una hormiga. Te deseo en el mismo espacio tiempo en el que te deseé la primera vez, enfrentando tu parsimonia y tu fingida calma, esa que vuelve locas a las chicas, quienes esperan un lanzado beso tuyo, pero no lo das y no porque no quieras, simplemente no te desesperas, ni invades con la primitiva reacción de quien se sabe macho alfa.

Camino al mercado me preguntaba, ¿qué hago yo aquí? si hace 14 años no me veía pisando nuevamente tus calles, ahora se borra esa tristeza incierta que sentía al ver la esquina de tu casa cuando un carro lejano pasaba por aquel Puente Nuevo que siempre lucía viejo. Mientras comprabas las frutas me decía, ¿realmente sigue una dieta este hombre? ¿Porqué parece de 23 años? ¿el plátano licuado con proteínas será su elíxir de la juventud? ¿Porqué parezco tu hermana mayor?  Entramos a tu casa con las compras.

El palacio tiene nuevos obstáculos, tu desorden me hace sentir mejor con el mío, no estoy tan mal me digo; acaricio tus gatos, les quiero como si fueran míos, llevo la bolsa a la cocina y me detienes, no quieres que enfrente ese espacio que odio. Nos besamos y nuevamente nos tiramos a la cama sobre tus sábanas desordenadas y tus juguetes de niño. 

Es media noche, me retiro del trabajo, termino este post. Sólo puedo desear que te salga algo bien bonito, que no haya necesidad de mentirle y que se enamoren añazos y tengas esa familia que niegas querer, pero en el fondo sé que lo deseas más que nunca con ella. Por mi lado, sólo puedo decirte que tengo tranquilidad y cariño y muchas ganas de crear. Ah y tenías razón, eso de "estudianta" era una exageración, pero me encanta discutir contigo, gusanosaurio!

23 mayo 2017

No creas...

No creas que no me acuerdo
que aún eres parte de mí,
que tengo tus antepasados y tu ser corriendo por la casa,
que tengo tu sonrisa cada mañana,
tu mirada y gestos en los suyos...

No creas que no me acuerdo de tí,
que no pienso en qué podrido momento nos enamoramos (sí, NOS),
que tu cuerpo y el mío crearon vida
y a pesar de odiarte, espero lo mejor para tí.

No creas, siquiera, que yo volveré a sentir algo por tí
que volveré a desearte
que volveré a pintarte
a escribirte o a besarte.

Entiendo tu juego y tu estúpida lentitud 
no entiendes que soy más inteligente,
más orgullosa y, quizá, más madura
que tú...
Crees que no me cansan tus cuentos de antaño
tus idas y venidas
tus "mañana sí, de veras".

No creas, no creas, en serio, no creas que te creo.


Tan cansada estoy que me duermo con la Bruni, que no es tuya, ni de ellas, ni mía, es de esos momentos como este, en que sólo te sale cantar para no llorar de furia



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