19 mayo 2018

Yo te qui

"Yo te qui... 
Yo te qui... 
Yo te quiero, con raíces
pero en libertad"
Mon Laferte

Algunos soles atrás estábamos frente al malecón, tú divisando la rampa que llevaría tu bicicleta sin fricciones y yo tarareando la canción que terminaban de cantar unos clowns acompañados de un ukelele.

Ahora, apareces con esa fuerza que te he soñado y no logro seducir. Sí, aunque a veces tienes gestos, yo sé que no te tengo conmigo, que piensas otras cosas, te desintegras antes de abrir tus pensamientos y te transformas en la brisa marina que penetra los edificios. Tu neblina orgullosa baña de humedad las enredaderas, las piedras y mi deseo.

Mientras me besas te veo volando diecinueve ventanas arriba, llevándome por los aires hasta tu habitación llena de países. ¿Has sido más feliz antes? ¿Ese ocaso europeo te gustó más que el nuestro? ¿Tendrás el valor de acercarte y pedir disculpas?¿Nos besaremos en un siguiente encuentro?

En pleno vuelo me suelto, caigo en la piscina de tu edificio, abro los ojos y me impulso para encontrar oxígeno. La superficie de mi bañera me advierte que todo ha sido una fantasía, me quedé dormida y debo apurarme para asistir a tu boda.


17 marzo 2018

Fixus

(Colaboración mía para "No todo es cuento" Setiembre 2017)



“No amas a alguien por su apariencia,
o su ropa o su carro costoso,
sino porque canta una canción
que sólo tú escuchas”

O.Wilde


El hormigueo en su cuello le recordaba que había estado mucho rato acostada mirando la lámpara apagada. No quiso volver su rostro, sentía que él respiraba cansado, con pocas ganas de hablar. Tal vez, ahora sí, la respuesta a su pregunta quedó absuelta y él solo estaba asimilando todo lo que le había dicho. Tomó valor y se animó a voltear pero su cuerpo no quería, como tantas veces, moverse al ritmo de sus verdaderos deseos.

Intentó repasar la forma en que él la acomodó en la cama, cómo su perpleja mirada y angustia se iban confundiendo con el deseo, la diligencia de sus manos acomodando el respaldar para levantarla, parecía un niño a punto de probar un postre que nunca había visto pero estaba convencido que deseaba sentir en su boca. Le preguntaba las mil formas en que podría acomodar sus piernas, si sentía la aspereza de sus manos y de su barba, ella sólo decía que sí, impregnando en su voz un tono de sadismo oculto.

Poco antes de llegar a su departamento, él se detuvo, soltó la empuñadura y la rodeó para mirarla, era momento de saber por última vez si estaba segura. Ella sonrió excitada de nervios, apoderándose de un sí temerario que muchas veces dudó en gritar. La emoción, o tal vez el licor, hizo más difícil la faena de subirla por los tres pisos previos a su cuarto, los libros regados en el desorden le revelaban que verdaderamente era un adicto a la filosofía y la literatura francesa.

Minutos antes, en el restaurante, muy resuelta dejó la copa a un lado, él supo que era el momento, le pidieron la cuenta al mozo, él pagó el almuerzo, ella el vino, tal como lo ofreció cuando se saludaron por primera vez en el Centro Comercial. La luz de una primavera débil le hizo pensar que ella estaba muy feliz de verlo, seguro pensaba que no iba a asistir; se afirmó a sí mismo que él no sería capaz de tal bajeza, su humanismo le impedía ser un patán cualquiera.

Horas previas, él se encontraba en el bus camino al centro comercial, repasando los mensajes que se enviaron cuatro meses antes, no quería que se le escapara algún detalle de su vida, podría sentirse ofendida si no le preguntaba cómo le fue en su curso de contabilidad o cómo se sentía luego de ir a su primera entrevista laboral en años. Los mensajes de contenido sexual los pasó rápido por temor a que otro pasajero los leyera de reojo.

Cuatro meses antes, el poder de su dedo deslizando la foto de él generó que ambos pudieran hablarse a través de esa página de internet. Estaba intrigada ante aquella instantánea de un hombre con barba poblada y cejas que endurecían su mirada. A través de los mensajes, era fácil comprobar que se trataba de un muchacho de izquierdas, con una extraña (y sobrenatural) capacidad de sintetizar pensamientos Hegelianos.

- Quiero que sepas solamente que lo mejor del grunge fueron los Stone Temple Pilots... encantado de conocerte, Helena.

- Igualmente, César. Oye y no te haces palta por lo que estoy en silla de ruedas. Conste que te lo dije... para que luego no me hagas la pregunta

- ¿Qué pregunta?

- "¿Estás en silla de ruedas?"

- Ya lo sabía desde que vi tus fotos. Estaba pensando que vivo solo, en un cuarto piso, sin ascensor. Eso va contra nuestros planes sexuales ¿verdad?

- jajaja no, suena bien que vivas solo.


En ese momento a ella le hubiera parecido imposible que 120 días después estaría sintiendo la tibieza de su cuerpo desnudo. Su risa triunfante salió de aquel pensamiento y se externalizó, generando un eco en las maderas del techo antiguo. Él se sentó de inmediato, ¿Qué pasa? Nada, me río no más. No te rías, yo sigo con la duda de si sentiste algo o no. No te preocupes, sólo puedo decirte que, por primera vez en muchos años,me sentí viva.


::::::ORBIS TEXTUS::::::