17 marzo 2018

Fixus

(Colaboración mía para "No todo es cuento" Setiembre 2017)



“No amas a alguien por su apariencia,
o su ropa o su carro costoso,
sino porque canta una canción
que sólo tú escuchas”

O.Wilde


El hormigueo en su cuello le recordaba que había estado mucho rato acostada mirando la lámpara apagada. No quiso volver su rostro, sentía que él respiraba cansado, con pocas ganas de hablar. Tal vez, ahora sí, la respuesta a su pregunta quedó absuelta y él solo estaba asimilando todo lo que le había dicho. Tomó valor y se animó a voltear pero su cuerpo no quería, como tantas veces, moverse al ritmo de sus verdaderos deseos.

Intentó repasar la forma en que él la acomodó en la cama, cómo su perpleja mirada y angustia se iban confundiendo con el deseo, la diligencia de sus manos acomodando el respaldar para levantarla, parecía un niño a punto de probar un postre que nunca había visto pero estaba convencido que deseaba sentir en su boca. Le preguntaba las mil formas en que podría acomodar sus piernas, si sentía la aspereza de sus manos y de su barba, ella sólo decía que sí, impregnando en su voz un tono de sadismo oculto.

Poco antes de llegar a su departamento, él se detuvo, soltó la empuñadura y la rodeó para mirarla, era momento de saber por última vez si estaba segura. Ella sonrió excitada de nervios, apoderándose de un sí temerario que muchas veces dudó en gritar. La emoción, o tal vez el licor, hizo más difícil la faena de subirla por los tres pisos previos a su cuarto, los libros regados en el desorden le revelaban que verdaderamente era un adicto a la filosofía y la literatura francesa.

Minutos antes, en el restaurante, muy resuelta dejó la copa a un lado, él supo que era el momento, le pidieron la cuenta al mozo, él pagó el almuerzo, ella el vino, tal como lo ofreció cuando se saludaron por primera vez en el Centro Comercial. La luz de una primavera débil le hizo pensar que ella estaba muy feliz de verlo, seguro pensaba que no iba a asistir; se afirmó a sí mismo que él no sería capaz de tal bajeza, su humanismo le impedía ser un patán cualquiera.

Horas previas, él se encontraba en el bus camino al centro comercial, repasando los mensajes que se enviaron cuatro meses antes, no quería que se le escapara algún detalle de su vida, podría sentirse ofendida si no le preguntaba cómo le fue en su curso de contabilidad o cómo se sentía luego de ir a su primera entrevista laboral en años. Los mensajes de contenido sexual los pasó rápido por temor a que otro pasajero los leyera de reojo.

Cuatro meses antes, el poder de su dedo deslizando la foto de él generó que ambos pudieran hablarse a través de esa página de internet. Estaba intrigada ante aquella instantánea de un hombre con barba poblada y cejas que endurecían su mirada. A través de los mensajes, era fácil comprobar que se trataba de un muchacho de izquierdas, con una extraña (y sobrenatural) capacidad de sintetizar pensamientos Hegelianos.

- Quiero que sepas solamente que lo mejor del grunge fueron los Stone Temple Pilots... encantado de conocerte, Helena.

- Igualmente, César. Oye y no te haces palta por lo que estoy en silla de ruedas. Conste que te lo dije... para que luego no me hagas la pregunta

- ¿Qué pregunta?

- "¿Estás en silla de ruedas?"

- Ya lo sabía desde que vi tus fotos. Estaba pensando que vivo solo, en un cuarto piso, sin ascensor. Eso va contra nuestros planes sexuales ¿verdad?

- jajaja no, suena bien que vivas solo.


En ese momento a ella le hubiera parecido imposible que 120 días después estaría sintiendo la tibieza de su cuerpo desnudo. Su risa triunfante salió de aquel pensamiento y se externalizó, generando un eco en las maderas del techo antiguo. Él se sentó de inmediato, ¿Qué pasa? Nada, me río no más. No te rías, yo sigo con la duda de si sentiste algo o no. No te preocupes, sólo puedo decirte que, por primera vez en muchos años,me sentí viva.


Hombre del bosque


"Existe un niño que vive en mí
luchando por tenerte
y revive momentos
lejanos ya, y me hace pensar
confundiendo realidad,
obligándome a escuchar..."

Cómo te echo de menos
A.S.P

Primero, el amor.

Antes de escribir sobre mi adrenalínica furia, se presenta ese amor que, refundido en mi psique, andaba por allí, despintado, maltrecho. La vaga imagen de lo que fue, me lleva a preguntarme qué hubiera hecho yo por ti en esa época de enamorada, qué hubiera hecho al conocer esto que once años después descubro. 

Me veo dedicándote esa canción en aquel karaoke del Centro Cultural Peruano Japonés del año 2007, era mi canción favorita, hablaba de una pareja que se extrañaba y sentía que el mundo no entendía porqué querían volver, al terminar de cantar te besé y te pusiste a llorar de amor. Sí de amor, del purito, ese que sentíamos en algún momento los dos.

Nunca escribí una sola historia sobre tí en mi blog, ni en mis cuentos, recuerdo unos poemas maltrechos y una que otra vivencia en mi diario antiguo del hi5, pero mi blog, este santuario olvidado en el ciberespacio, nunca habló de tí. Sentía además que no tenía material suficiente para hacerlo, pues la felicidad no se describe, sólo podía escribir sobre el sufrimiento, la melancolía y de las sombras tormentosas que siempre pulularon sin éxito mientras estuvimos; era una forma de expulsarlas de mí. Para el 2009 ya había decidido construir contigo eso que no era capaz de hacer con el resto, un hogar.

Tu decisión fue no ir a mi ritmo, cada uno tomó su camino. A pesar de no arrepentirnos de lo que teníamos, nuestros amigos más cercanos nos decían que era absurdo llevar vidas tan parecidas pero separados; ante tales cuestionamientos era difícil no imaginar el mismo escenario pero juntos, hasta podríamos haber estado hoy, echados en nuestra cama, discutiendo sobre el colegio y los gastos, tu trabajo y el mío, en medio de nuestras risas, nuestro cariño, y el abrazo en medio del mayor placer. Sin embargo, ya no nos vimos más, salvo un par de veces para contarnos brevemente lo que nos pasaba.

Ahora entiendo la escena del efecto mariposa, en que todo pareciera retroceder y desaparecer, para al final estar separados, la escena de la canción que te dediqué, el anillo de compromiso en la Alianza Francesa, las fotos en un cuarto a oscuras, nuestros hombros desnudos, los juegos en la playa, la caminatas en el malecón, nada ha sobrevivido, porque todo se deshizo. Camus tenía razón, sólo nos queda habernos conocido y recordarnos.

Al final, quizás, iba a ser igual.

Segundo, la  furia.

De tres mil seiscientos cincuenta millones de mujeres en la tierra, ¿ella?.

Tercero, la decepción.

De todas las verdades, nunca soporté la verdad contada por otra persona. Descubrir tu lado más sórdido es decepcionante. Eres otra persona.

Cuarto, el material para escribir.

La escena de aquella verdad sobre la mesa y los milkshakes de en medio, son claros pincelazos para estar en un relato del Copé

Quinto, el humanismo.

Espero que logres superar este difícil momento. Nadie se lo merece y quisiera tener el poder de retroceder el tiempo, pero uno es esclavo de sus propias decisiones. Sólo nos queda mirar adelante.
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