14 abril 2007

Carne disecada

Cambiaba las emisoras, hasta que mis dedos empezaron a sudar, no lograba contener en mí el aplomo supuesto que vendría de esa situación. Era definitivo lo que me decía mientras se quitaba la ropa, tal vez su confusión la disimulaba con el ademán de fuerza para librarse del polo; conservaba la calma, mientras yo temía comprobar que mi alucinación no era tal, y claro, mi cabello era una cortina tranquilizadora de mi rostro escondido. Apenas y levantaba la vista, fingiendo buscar una emisora acorde con la escena del crimen.

No puedo aceptarlo, es imposible que tú me ames. Tú nunca me crees no?. Pero si estás muerto, es decir, no te ven los demás pero yo sí. Y quién te ha dicho que no me ven, saben de mí, saben que existo, pero sus preocupaciones, su mundo los ciega. Me levanté cantando, la letra lo decía todo, y estaba de moda. Esa canción es lo máximo. Siempre dices eso de todas las que hablan de desamor. Me callé, no pude pronunciar más palabras, la sangre en mis zapatos ya estaba haciéndose sentir en mis pies, la viscosidad, y el olor me originaron la primera náusea de la tarde. Me voy. No. Claro que sí, que horror, mira mis zapatos,cómo iré a mi quinceañero.No tienes quince. Lo sé, no es mío, es de mi hermana. Esa. Sí, esa, la que acariciaste mientras bailaban. La rabia secaba mi lengua, y mojaba mis ojos. El color iba subiendo de mis pies a mi cara, su sangre pintaba todo el cuarto; su poster de Charly, su caricatura de ánime, y su soldadito de plástico, único vestigio de su inocencia se mezclaban con el tumulto de hojas. Debería quemar esas cartas, pero ya no me alcanza tiempo, tengo que estar en la reunión de mi hermana. No te vayas. Tengo que irme, tú eres su mejor regalo, ella nunca me regaló nada.

Tomé las sábanas, limpié las gotas de sangre, la puerta se abrió con la fuerza de ese joven de mirada simplona y el gordo del vigilante. Vi un grupo más numeroso de gente. Y de pronto descubrí que ya no era el cumpleaños de mi hermana, ya habían pasado 3 días, y que recién se animaron a entrar a rescatarme de ese muerto que no me dejaba salir.
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