26 mayo 2007

URMAT

A mi buena amiga: Angelita del Mal
- Y tu mamá? -preguntó en el recreo, mientras le invitaba a su compañera las galletas de su lonchera.
- En su trabajo
- y porqué tu papá no vendrá a la clausura?
- Es que son divorciados, ya no vive con nosotros, está en Trujillo, no le alcanza tiempo


Compasiva, miró la falda escosesa de su amiga, sintió la pena de la palabra divorcio y pensó, sin decirle por supuesto, "Pobrecita, eso nunca me va a pasar". Sus padres la querían tanto, que ella sospechaba que las riñas siempre se calmaban al verla entrar con sus trenzas, preciosa, abrazándolos en medio de los accesorios que sumaban todo el amor que le obsequiaban.

Antes de la separación inesperada, sentía que nunca vería igual a un hombre, la imagen de su dolida madre y los viajes prolongados de él, la convencían cada vez más que toda felicidad se desmorona en el instante en que recién la percibimos. Intentaba compensar la adoración a su viejo, con la honda angustia de extrañar a quien la había engreido toda la infancia."Al único hombre a quien le he dicho que lo quiero, es a mi papá", le comentamos que tal vez ese alejamiento de la imagen paterna, protectora, le había deformado la ternura, y el amor. Ese episodio en su vida sería el inicio de todo.


Muy consciente de las historias referidas a su nombre, ella no ocultaba su filosofía de vida. Su nombre, presente en el cine, la literatura, pintura, y demás artes, encerraba la delicadeza y sensualidad de su metro setenta. Ángela para los recién llegados a su vida, y Angie para los que la saludaban al amanecer. Su sonrisa de chica complacida le daba el aire inmortal que no podría jamás nadie tener. Ella lo sabía, cada día era más atractiva que el anterior.

Corría luchando apurada contra el minutero del reloj de personal, abriendo exagerada sus ojos gitanos, comprobaría una vez más que llegaba tarde por una mala noche. La supervisora reprendía su conducta como lo haría con cualquier otra chica, pero en el fondo sospechábamos que compartía la misma ansiedad de saber en el almuerzo los detalles de las noches y madrugadas ebrias de nuestra oveja negra. Ángela habría conquistado nuevas caricias este fin de semana; su mirada distraída, y su relajada sonrisa nos anunciaban otro amor rendido a sus pies.

No imaginamos que al hablarnos de ese "lindo chico, tierno y amoroso", el marrón de sus ojos brillaría hasta tornarse como la miel. Este hombre le encantaba mucho más que los otros dos que besó la misma noche, "siempre me llama", sorprendidas nos miramos, "Pero, ¿no que tú detestabas que los chicos te llamen?", "Sí, que tú por ninguno sientes nada", "Sí, que una vez que los disfrutas ya no los quieres ver". Arrinconada con nuestra inquisición del pecado, sonrió como volviéndose a encontrar. "Claro, no digo que lo quiera, pero me gusta mucho, eso nada más", resaltando los pómulos con la mueca de su sonrisa agregó: "Además me complace en todo", el "¡¿Qué?!" sincronizado se oyó en todo el comedor, pedirle detalles en el almuerzo, lejos de provocarnos ascos, nos agilizaba exquisitamente la digestión. Entre un grupo mayoritario de casadas, la luz de una seca experiencia se ensimismaba y se dejaba llevar por esa novela romántica y pasional que ya captaba nuestra atención desde que entraba.

- Hola, te llamaba para saber cómo estabas.
- Angela?... oh, Feliz día de San Valentin!, quería llamarte, pero me dijeron que no te agradaba eso.
- Feliz día también. No hay ningún problema si me llamas.
- Qué bien!, entonces lo haré más seguido. Una pregunta: ¿Por qué en tu mensajero te pones de nombre U.R.M.A.T.?
-Ese es un secreto que sólo mis amigas pueden saber, apto para mujeres nada más.
- Jajaja, y a mí no me lo dices?, yo que soy especial?
- Eres igual que el resto, ¿qué te hace especial? - Él mudo, no sabía cómo esquivar la situación incómoda de enfrentarse a una mujer de experiencia superior, que al fin había logrado obsesionarlo, cualquier cosa podría hacer que llame a otro y lo desheche. La conversación acabó a los 30 segundos de liberada esa pregunta.

El jovencito del que tanto nos hablaba tendría algo distinto, desconocido, algo que no había encontrado en los demás. Olíamos al verdadero amor, llegado en un ser dos años menor, tal vez ella no era la misma chiquilla pícara que se besaba con el mejor amigo de otro en la misma fiesta. "Yo sé que tengo mi fama, pero sé cómo siento y lo que soy, me importa un comino lo que piensen de mí. Me da igual si les duele o no verme con otro, nadie se ríe de mí, ni puede ufanarse que yo lo haya buscado o esté enamorada, ninguno puede decir que me tiene en sus manos", nos dijo alguna vez.

Su atractivo no residía precisamente en su cabello negro, ni en sus pestañas extra largas, o en el delineado de sus labios, la impresión que causaba en las fiestas era por el conjunto equilibrado de su cuerpo y su rostro, madre naturaleza gloriosa y pomposa, su presencia y seducción estaba calculada hasta en la caída del cabello. Minuciosa, mejoraba su presentación en el tipo de reloj que usaba, en los tacones, en la ropa interior que tan diligentemente su mami compraba. Los que la amaron la recuerdan inasible, como la chica inalcanzable, jamás poseída; su corazón no era de nadie, podría darlo todo a todos, menos un amor manifiesto.

Angie lucía su franqueza con el desparpajo de una mujer que no mide las consecuencias. No dudábamos que la cerveza la deshinbía mucho más en sus noches de juerga y perdición, pero su discurso no variaba, confiábamos en ella, en la frialdad para aceptarse y aceptar al mundo. No podíamos dudar de lo que nos confesaba.

Hasta que llegó distinta a las oficinas, un día en que la verdad estalló de su boca, la notamos extraña, y esa tarde en el almuerzo, confirmó lo que más temíamos:

-Chicas, creo que estoy enamorada!
- Ya era hora
- No seas pues!
-Di la verdad
- En serio - afirmó temiendo la hecatombe, el efecto mariposa, el sarcasmo de quienes sabíamos todo de ella - Estoy enamorada!
- Sí, amiga, yo te creo, pero nos decías qué significaba tu nik?, el nombre de tu mensajero?, dinos, qué significa U.R.M.A.T.
- Ya pues Ángela, dinos qué significa U.R.M.A.T.

Nos devolvió una sonrisa nerviosa, fue inútil tratar de postergar la revelación, nuestra insistencia borró el semblante de mujer poseída por cupido, se acomodó nuevamente en la silla: "Está bien, U.R.M.A.T. significa, Una Raya Más Al Tigre, es la descripción de mis vivencias". La risa compartida elevó el calor en la mesa, la mirábamos pensando en lo recién dicho, hasta que una se atrevió a decir "¿Y quién te dice que este muchacho no sea una más de tus rayas?". Ninguna de las presentes respondió, acabó el almuerzo con algún tema trivial y no supimos qué habría concluído ella con tal aseveración.

Fue curioso comprobar que su matrimonio tuvo la mayor asistencia de amigos que otras bodas en la misma localidad. Nadie quería perderse el capítulo final de la primera princesa sensual de los cuentos de hadas, cuánto material argumentativo habrán perdido las compañías de cine, guionistas de telenovela, redactores de revistas para la mujer. Nuestra Angie se casaba, y no era broma, ningún invento para cambiar el tema de conversación. Fiel a sus formas, el párroco tuvo que pedir que el velo cubriera su escote al momento de empezar la ceremonia. "Padre, el vestido es el problema, no yo. No había de mi talla", Su amado sonrió, joven, luciendo la promesa de amor de una chica indomable. Envidiado, vigilado, no le perdonarían echarlo a perder, los invitados aplaudieron aún más cuando los vieron partir a su nuevo hogar.

La memorable U.R.M.A.T, al fin lo podemos afirmar, se había enamorado. Las rayas no se borrarían jamás, pero sí sabíamos que no existiría una más para esta felina mujer.

2 comentarios:

Jimmy dijo...

Me ha gustado todo, menos el final, es muy feliz......Y nose, existen esos finales? Me gusto tambien porque me despejo la duda esa de U.R.M.A.T.......y cambia tu perfil, que es eso de "una cochinada mmmmmmmmmmm, sigue escribiendo psss, ya llega el nobel

margie dijo...

asu....! q bien describiste a Agelita del mal!!!! jajajaja
felicidades escribes muy bonito :D

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