27 enero 2008

Hicieron su mejor esfuerzo (Opinión)

Comentarios sobre la película "El amor en los tiempos del cólera"


No soy ninguna crítica literaria, y de cine mucho menos, pero como lectora y amante de Gabo me veo en la necesidad de escribir acerca de la película que fui a ver con la predisposición y el prejuicio que me acompañará siempre que estrenan la adaptación de una novela en el cine. Sabía que no iba a ser igual que leer la novela misma, que Florentino no sería el Florentino que imaginaba, que Fermina no tendría la gracia de la inocencia. Sin embargo fui a verla, y sinceramente siento que hicieron su mejor esfuerzo, que se esmeraron, pero igual no quedé satisfecha.

¿Me pueden decir qué afán hay en la industria del cine que cuando una novela incluye algún amor o relación donde se halle involucrado un adolescente lo disimulan de cualquier forma? Escogen una actriz bastante mayor, o indican que realiza actividades distintas a la del personaje relatado en la novela original. Me decepcionó totalmente ese aspecto, al igual que la "La Fiesta del Chivo" y "Lolita" la actriz principal en su etapa adolescente sea interpretada en realidad por una mujer mayor, en el caso de "El amor..." la misma actriz interpreta la etapa adolescente y adulta de Fermina, si bien logra transmitir el amor entre los jóvenes, la magia de ello residía justamente en que se trataba de casi niños conociendo el amor por primera vez, y luego del alejamiento se vuelven a ver de adultos y ella lo desprecia. Lo mismo sucede con la relación codependiente entre América Vicuña y Florentino Ariza, yo tenía la imagen de una chiquilla de 14 años a la que el protector le ayudaba a atarse los borceguiés y arreglarse las trenzas. La película maquilla eso, tal vez por una onda de proteger a los menores, pero al menos el casting hubiera sido más riguroso en la apariencia de los actores.

La primera vez que leí la novela hace muchos años, manejé la imagen de un Florentino Ariza entrenándose en las artes amatorias con cada mujer con la finalidad de estar preparado para su amada, hasta el punto que llegó a estar en amoríos con una señora casada que le enseñó de todo. En uno de aquellos encuentros de entrega total con la susodicha unos ladrones habían entrado a robarles la casa, sólo se percataron del hecho cuando leyeron en la pared de la sala "Esto les pasa por tirar todo el día", recuerdo haberme matado de la risa por este pasaje no incluído en la película. Afortunadamente insertaron otros pasajes de humor de buena forma, como la escena de la primera vez (violación) de Florentino, el cortejo de Juvenal Urbino con Fermina, la escena de las primas, etc.

Consiguieron captar el alma del libro, el amor eterno, pero le faltó mucho en cuanto a fotografía, música: las canciones de Shakira, ¡Sólo en dos aguanto sus gallos! La primera que aparece es disonante con el silencio del paisaje. Las demás son buenas anotaciones. Espero poder comentar más acerca de la peli, pero esto me salió primero luego de verla.


El papá de Fermina, la madre de Florentino, y el mismo Florentino lucen excelsos en su actuación, al menos en la etapa de joven. A algunos actores les faltó el toque colombiano, como bien lo transmitió la prima de Fermina ¿Ustedes qué piensan?

Incondicional

Bastaría con el amor, podría sobrevivir a la tragedia, tragarse noches interminables llenas de su cuerpo incompatible al pensamiento, de su mal humor e impotencia. Ella le brindaría el mismo amor como cuando tenían 14 años. A su lado, él enfrentaría todo.

Los padres de él sabían que era un riesgo dejarla sola, los pensamientos y supuestos la volverían contra sí misma y contra su futuro, cuando una mujer razona: la decisión endurece su corazón. Por eso, ordenaron recogerla en taxi todos los días desde el accidente y la dejaban ellos mismos en la puerta de su casa luego de la visita rutinaria al hijo. Ellos protegerían la fragilidad del amor incondicional, inexistente cuando la única condición emerge. Él, sin movilidad en las piernas, aún podía abrazar el cuerpo lánguido de su novia, ambos llenaban sus tardes con los trabajos de las universidad echados o sentados, sonriendo, y mirándose.

Él disfrutaba los días con su cabello negro cayendo sobre las hojas cuadriculadas, con restos de borrador ensuciando las sábanas. La recordaría por siempre, con su lapiz detrás de la oreja, sus cejas distorsionadas por las canciones de la radio. Él la observaba, y conocía de su infelicidad, nunca se lo dijo, pero sospechaba que era infeliz, no como él, que a sus 19 años perdió la facultad de caminar. Era fácil imaginarla cada noche al entrar a su casa, sin el peso de la responsabilidad que se iba con el taxi, hasta cuándo más iba fingir que aún quería seguir a su lado, no podía dejar a su enamorado de años justo en el preciso y repudiado momento en que dejó de ser un chico independiente.

No logró contenerse cuando ella aceptó con un sí tajante lo que siempre le incriminaba. Contra sus gritos lo sentaron nuevamente en la cama, ahogándose en la humillación de no poder levantarse e ir a otro lugar para no ver su salida. Si era lástima, no tenía porqué siquiera acompañarla con la mirada hasta la puerta. No merecía que lo quisieran por pena, ni tampoco enterarse por otros que ella tenía otro hombre.

La escena de ella saliendo, la soledad aprisionando sus entrañas, la debilidad, el desamor. Las mismas emociones esta noche, despreciable como las anteriores, desvalido y tirado en medio de una pista. El taxista, un ladrón como los que abundan en la ciudad del caos, lo arrojó a la calle sin las muletas por supuesto, la compasión no era una virtud que abundara en los criminales. El frío secaba sus labios encolerizados, cada pensamiento lo hacía sentirse peor, concluyó que lo terrible no era la pérdida de las tarjetas, contratos por revisar, documentos personales, ni la inseguridad que ahora le inspiraban los taxistas, en realidad lo que no soportaba era la desolación e impotencia que no sentía en años desde la tarde en que ella se fue.

Su novia actual se acercaba corriendo a ayudarlo con su hermano. Su casa estaba a pocos metros, él callaría y se dormiría antes de decir alguna palabra, conoce el vocabulario inspirado en la insoportable lástima, cualquier cosa que le fuera a decir ella no ayudaría en nada. Al igual que las demás, se decía, sólo aguantará hasta que mi crédito desaparezca.

Gatas

Casualmente yo le había dicho lo mismo aquella noche, existen aberraciones que todo humano coincide en desecharlas y considerarlas como la ignominia más grande que desvirtúa la categoría de la especie. La mayoría de las personas considera como el crimen más abominable no el asesinato de un anciano, mujer, personaje o político poderoso, sino la violación de la libertad sexual de un niño. Y entre otras cosas, sostuvo ella, que el sentido común consistía exactamente en aceptar de por sí algunos valores morales que se hacen universales: como asesinar a cualquier niño, sin implicar necesariamente el maltrarto previo a ello, destrozar a un ser con mucha menor fuerza y conocimiento que uno mismo es una muestra del abuso y la bestialidad más expresiva con la que nadie se solidariza, al menos nadie que sea normal.

Cuando la matamos no apareció en mi cabeza algún atisbo del "sentido común" tantas veces conversado. El policía gritaba que yo era un loco de mierda,sin alguna moral primariosa que me hiciera sentir culpa de aquel delito. Simplemente callé, y miré a Mabel, mi cómplice, quien en ese momento decía no conocerme, y por lo tanto no era responsable de ninguna de las imputaciones que leía "el jefe" . No conozco a este canalla jefe, no tengo nada que ver. Pucha suélteme pues jefe. Soy inocente jefe.

Era hermosa, la recuerdo con sus ojos de gata, y su cabello ondulado, marrón y brillante. La mirábamos asombrados, era justo como la niña que ella decía querer, luego descubriría que en realidad se trataba de la hija de su ex. Maldita, sabía que su intención era otra, sin embargo la sospecha no bastaba, y yo seguía el entripado argumento pintado en su cuaderno. La mejor manera de poseer algo es aprehenderlo y eliminarlo para crearlo nuevamente las tantas veces que quisiéramos, la consumación del Talento era elegir cómo poseeríamos las cosas que más queríamos. Tal vez en eso se concentraba la mejor historia de todas, la del tipo que pudiera lograr esa proeza que ni yo mismo terminaba de digerir.

Mabel también tenía el cabello felino y sus ojos brillaban de manera maliciosa. Siempre hablaba de casos peculiares que le tocaba analizar, su profesión consistía en volver normal a la gente anormal, tal vez por eso la primera noche que salimos puse todas las excusas y frases falsas que pudieran salir de mi mecanismo defensivo. Ambos sabíamos que nada duraba para siempre, por lo tanto no servía de nada ahondar en nuestro ser, si algo nos había llevado a conocernos, lo mismo daba lo que hiciéramos, algun día nos iríamos separando.

Habíamos compartido muchas lecturas, incluso el libro donde se hablaba de poseer y desposeer las figuras que anhelábamos en nuestras vidas. El idioma no fue problema, ella dominaba cinco lenguas y traducía los párrafos que, consideraba, yo debía memorizar para el ritual.
Me miré al espejo antes de regresar a la mesa donde recién nos sonreímos, el vino estaba en su nivel mínimo. Mojé mi rostro y las mayólicas guindas del baño me entristecieron la mirada. ¿Qué pierdo? me pregunté, ¿Si me voy con ella esta noche qué pierdo? Recién la veo por primera vez, pero se nota que quiere tener algo.

- ¿Qué esperas?
- Pero está viva Mabel!
- Y qué tiene?, está bien drogada, no sentirá nada.
- Está viva aún!
- Carajo le tiro esto en la cabeza... y asunto arreglado!.
- No! mierda, mi ropa.
- La sangre se lava. Terminemos el ritual de una buena vez antes que la luna desaparezca.

Regresé a la mesa y le acaricié la mano ¿Si me voy con ella, me arrepentiré luego? Bah quien no arriesga no gana. La besé hasta el punto en que ella comprendió lo deseado y me dijo para ir a un lugar más privado. Vamos a mi casa, tengo más que enseñarte. Claro Mabel, porqué no?

::::::::::::VERBUM SAPIENTI::::::::::::::::::::

::::::ORBIS TEXTUS::::::