27 enero 2008

Gatas

Casualmente yo le había dicho lo mismo aquella noche, existen aberraciones que todo humano coincide en desecharlas y considerarlas como la ignominia más grande que desvirtúa la categoría de la especie. La mayoría de las personas considera como el crimen más abominable no el asesinato de un anciano, mujer, personaje o político poderoso, sino la violación de la libertad sexual de un niño. Y entre otras cosas, sostuvo ella, que el sentido común consistía exactamente en aceptar de por sí algunos valores morales que se hacen universales: como asesinar a cualquier niño, sin implicar necesariamente el maltrarto previo a ello, destrozar a un ser con mucha menor fuerza y conocimiento que uno mismo es una muestra del abuso y la bestialidad más expresiva con la que nadie se solidariza, al menos nadie que sea normal.

Cuando la matamos no apareció en mi cabeza algún atisbo del "sentido común" tantas veces conversado. El policía gritaba que yo era un loco de mierda,sin alguna moral primariosa que me hiciera sentir culpa de aquel delito. Simplemente callé, y miré a Mabel, mi cómplice, quien en ese momento decía no conocerme, y por lo tanto no era responsable de ninguna de las imputaciones que leía "el jefe" . No conozco a este canalla jefe, no tengo nada que ver. Pucha suélteme pues jefe. Soy inocente jefe.

Era hermosa, la recuerdo con sus ojos de gata, y su cabello ondulado, marrón y brillante. La mirábamos asombrados, era justo como la niña que ella decía querer, luego descubriría que en realidad se trataba de la hija de su ex. Maldita, sabía que su intención era otra, sin embargo la sospecha no bastaba, y yo seguía el entripado argumento pintado en su cuaderno. La mejor manera de poseer algo es aprehenderlo y eliminarlo para crearlo nuevamente las tantas veces que quisiéramos, la consumación del Talento era elegir cómo poseeríamos las cosas que más queríamos. Tal vez en eso se concentraba la mejor historia de todas, la del tipo que pudiera lograr esa proeza que ni yo mismo terminaba de digerir.

Mabel también tenía el cabello felino y sus ojos brillaban de manera maliciosa. Siempre hablaba de casos peculiares que le tocaba analizar, su profesión consistía en volver normal a la gente anormal, tal vez por eso la primera noche que salimos puse todas las excusas y frases falsas que pudieran salir de mi mecanismo defensivo. Ambos sabíamos que nada duraba para siempre, por lo tanto no servía de nada ahondar en nuestro ser, si algo nos había llevado a conocernos, lo mismo daba lo que hiciéramos, algun día nos iríamos separando.

Habíamos compartido muchas lecturas, incluso el libro donde se hablaba de poseer y desposeer las figuras que anhelábamos en nuestras vidas. El idioma no fue problema, ella dominaba cinco lenguas y traducía los párrafos que, consideraba, yo debía memorizar para el ritual.
Me miré al espejo antes de regresar a la mesa donde recién nos sonreímos, el vino estaba en su nivel mínimo. Mojé mi rostro y las mayólicas guindas del baño me entristecieron la mirada. ¿Qué pierdo? me pregunté, ¿Si me voy con ella esta noche qué pierdo? Recién la veo por primera vez, pero se nota que quiere tener algo.

- ¿Qué esperas?
- Pero está viva Mabel!
- Y qué tiene?, está bien drogada, no sentirá nada.
- Está viva aún!
- Carajo le tiro esto en la cabeza... y asunto arreglado!.
- No! mierda, mi ropa.
- La sangre se lava. Terminemos el ritual de una buena vez antes que la luna desaparezca.

Regresé a la mesa y le acaricié la mano ¿Si me voy con ella, me arrepentiré luego? Bah quien no arriesga no gana. La besé hasta el punto en que ella comprendió lo deseado y me dijo para ir a un lugar más privado. Vamos a mi casa, tengo más que enseñarte. Claro Mabel, porqué no?

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