11 noviembre 2008

Esperas en Agenda

El vuelo se retrasaría por media hora, llegar temprano me sirvió para enterarme primero y esperar, obviamente, mucho más tiempo que el resto. Leería un libro o simplemente aguardaría sentada, los asientos contiguos eran lo bastante cómodos para dormir, el aeropuerto iba llenándose de pasajeros igual de impacientes que yo.

Me dediqué a observar todos los rincones, necesitaba hojas en blanco para describir aquello que me parecía especial, improvisé mi agenda como cuaderno de notas sueltas; cada persona era un mundo de experiencias andante, cada tipo de cabello, cada abrigo, todo se podía transformar en palabras. Recorría rostro por rostro y me detuve en uno, tenía las cejas contraídas y la mirada concentrada en una laptop reiniciada - otro de aquellos que no suelta su juguete ni en los momentos de solaz- su aire intelectual, la seguridad en sus manos. ¿A dónde irá? ¿Quién es y qué hace?¿En qué vuelo irá? Quiero revisar mi 'hi'; amigo, ¿me dejas? Comparte algunas fotos conmigo. No nos dejes caer en tentación. Decido mirar los demás ambientes.

Él gira hacia donde estoy, regreso a la lectura de mi agenda, y no dejo de escribir sobre ella, hago un débil boceto de él sentado. Bah, estos ejercicios mentales exageran los ímpetus de la imaginación. Existen posibilidades infinitas que no están conectadas bajo ninguna forma a la línea real que sigue mi destino. Sin embargo, todo lo pensado ha sido registrado para luego reirme de mí, he liberado aquellos supuestos sobre estos papeles de calendario disperso.

Las agendas me recuerdan a un amigo que ya no lo es, dejó de serlo ante el suicidio emocional que cometió. Hace dos años me venía regalando sus viejas agendas. Recuerdo que simplemente las recibía sin inquietarme, inevitablemente por mi trabajo y otras ocupaciones, terminaban amontonadas con el resto de materiales que no me provocaba leer. Hasta que un sábado (Porque siempre llega "el día" en los cuentos, gran Francois Vallaeys), me encontré con el instinto y convine en limpiar y ordenar las cosas de mi habitación. Retomé el obsequio abandonado, con la seguridad de encontrar algún mensaje escrito para mí, un consejo, una moraleja sobre las vivencias que le confesaba como amigo que era, saludos de navidad de otros amigos, años nuevos, etc. Entre las hojas y trazos ideográficos me hallé imaginada, vestida, y pronunciando frases que no existieron más que entre sus papeles diarios y la tinta de un lapicero de tinta líquida. Las páginas estaban repletas de pensamientos fortuitos, con historia oníricas apenas comenzadas, en las cuales, de a pocos, me convertía en un amor inconfesado, tímido, muy callado en la vida real. Tengo la sensación helada que me originó verme en situaciones imaginadas por otro ser, donde no digo lo que siento ni lo que quiero, sino lo que esa persona deseaba que dijera y que pensara o sintiera. Es tan extraño convertirse en el personaje de otra mente soñadora.

He cambiado de planes iré por un café y un sandwich. Él acaba de cerrar su laptop y se pone a revisar los precios en los puestos de venta. Lo sigo con la mirada y dejo de escribir dispuesta a seguir sus pasos. Me siento casi frente a él, la barra es lo suficientemente grande para evitar que me notara a primera vista. Obsevé su cabello claro a la luz, sus ceja definidas, labios medianamente carnosos, como de aquellos modelos que sólo necesitan entreabrir su boca para explotar su atractiva sexualidad. Estaba perdida en su camisa clara y su saco azul oscuro, todo combinaba armoniosamente con sus ojos de mar y la fortaleza de sus rasgos.

Lo imaginé mirándome y tocando mi cintura, atinando a llevarme a un lugar apartado. ¿Viajamos en el mismo vuelo?¿Que me invitas a pasar un fin de semana en tu casa de playa? ¿Te gustan los mismos escritores que a mí? Abres tu laptop y compartes videos musicales de cantantes que me fascinan. Cantas una canción en perfecto italiano y yo aplaudo admirada. El vuelo se retrasa media hora más, seguimos hablando de tu soltería, de tu lucha por la igualdad de oportunidades, tu ayuda a organizaciones que apoyan tus ideas, tu amor por los animales y el arte impresionista, tus objeciones al Código Da Vinci, tus teorías respecto a la Breve Historia del Tiempo.

Esta vez lo miro directamente a los ojos, ¿habrá percibido mis pensamientos? Al parecer sí, pero su celular suena y evita la bulla del ambiente girando su cuerpo a otra dirección. ¿Tu esposa acaso?¿Tu hija? Me entero cuando ya la detonación estaba próxima, mi última estratagema estaba avanzada al veinte por ciento, no iba a retroceder a estas alturas. Toda crisis... ya lo sabemos; aprovecho tu distracción y avanzo sigilosa a pagar la cuenta muy cerca de tí, mi osadía deja "olvidada" mi agenda sobre la que escribí hasta el último segundo, esperando desencadenar las consecuencias de aquel acto que sólo había planificado mi romántica imaginación. Seguramente, llamarás con tu voz entonada, indicarás que la olvidé, al no tener respuesta te acercarás tomándome del brazo y nacerá aquello que luego de un año recordaremos como anécdota loca de una chica desconocida en el aeropuerto.

Avanzo más de lo programado y vuelvo mi rostro disimuladamente. Había otra mujer a tu lado, cancelando la cuenta, tú recién colgabas el teléfono; ella se dispone a avanzar y la detienes con la firmeza de tu mano. Advertida de su olvido, te mueve la cabeza negativamente y sonríe por tu caballerosidad. No estoy viendo un espejo, esa rubia no soy yo, no es la dueña de mi agenda. Se acerca donde tú estás recoge la agenda y se la entrega al personal de atención. Te invita un café y sonrojado aceptas, ¿ aceptas? ¡Qué fácil aceptas!

No regreso por mi objeto perdido hasta verlos caminar a la misma puerta de embarque, se abrazan tímidos e intercambian papeles antes de ir cada uno por su rumbo. Las posibilidades culminaron con esta línea. Tengo que tomar el avión, tal vez sólo fui una herramienta para otro plan de vida. Quizá era un asesino psicópata, de los que tanto prodigan en las películas taquilleras. Mas líbranos de todo mal. En hora y media llegaré a mi hogar, ya siento el abrazo de mis hijos y de mi esposo. Finalmente, las hojas de la imaginación son muy extensas y mis agendas demasiado cortas.

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