27 diciembre 2009

Mitología de la Vida


"Quod Scripsi, Scripsi"

(Entiendes que ya no lo puedo corregir? ;-P)

Safo se enamora de una chiquilla

Era Safo, la más bella de todas en la fiesta, torturada por una soledad absurda en medio del bullicio por su cumpleaños, sonreía para todos, a la expectativa del concierto que habían preparado sus amigos, no dejaba de mirar a esa niña mujer que empezaba a ajustar los micrófonos con su voz prodigiosa.

Recuerda la noche inmortal donde la luz caía indignante sobre su rostro lívido, poco antes de presentar con voz imperceptible “La canción más fascinante, Pictures of You, de The Cure, con cariño para tí”, fantástica interpretación de esa niña mujer, que apenas conocía; era una performance duramente femenina que calentaba sus hormonas. Su piel extremadamente blanca, su boina estilizando su peinado, sus ojos grandes y sus labios extravagantes amortizaban la soledad que la suspendía en el tiempo.

Sin quererlo, esa menuda figura huye de su evocación, hace dos semanas de aquella fiesta donde la escuchó cantar por primera vez, en homenaje a su cumpleaños número veintinueve. La cantante aceptó su amistad, los regalos que le envió días después, las llamadas para saber cómo se encontraba, sin prever que había un amor intenso que estimulaba con sólo hablar, con sólo cantar, con sólo existir.

Eros canta como un pájaro inglés

Habían pasado cinco minutos de la hora pactada, mientras ella dudaba si debía irse, él se acercó lo más rápido que pudo y la saludó. Hola soy Eros, no te asustes. ¿Usted? El que esperaba en esa esquina, creí que no vendría. Trátame de Tú. No puedo. ¿Por qué? Porque usted es el doctor. Por favor, trátame de tú, hablemos en el café de la siguiente calle. No gracias, caminemos mejor. Con los primeros pasos desaparecía la incomodidad de sentirse observada por los transeúntes que la miraban extrañados. ¿Acaso era la primera vez que veían a una chica vestida de negro, con uñas pintadas de negro y sombras oscuras en los ojos? Jamás entenderían a una cantante consumada y pensó que sería la última vez que esperaba allí, vestida como la hija de drácula en un centro comercial.

Nerviosa, por los cabellos largos y el aspecto desarrapado de quien la acompañaba, caminaba desconfiada, imaginando su descuartizamiento a la vista de todos en un restaurant cualquiera, mejor era estar en la calle, con múltiples posibilidades de escape si era necesario. Tampoco pensaba aceptar ningún comestible, las trampas no serían para ella ese día. De ninguna manera.

Lo había conocido por una página social de Internet, él le había mencionado que sus gustos eran similares, y le envió canciones de los grupos que más le gustaban, ella no le prestó interés, hasta que le comentó de su trance depresivo, y él le ofreció ayuda, diciéndole que muchas veces había tratado casos similares. Ella en su locura infantil, había dibujado un semblante similar al que vio aquella tarde, un hombre de cabellos largos y ondulados, salvador de almas y espíritus sangrientos. Plasmó en papeles todos los poemas oscuros dedicados a él. Tenía la certeza de que le gustarían y así fue.

Era la primera vez que se veían, caminaron por las calles cercanas a los dominios de él. Sabía que era peligroso, suicida, pero necesitaba ayuda, necesitaba sentir que vivía. Le contó el porqué de sus problemas, y él no dejaba de mirarla hasta hacerla sonrojar, le invitó nuevamente a tomar un café, ella no aceptó. Entonces un helado. No deseo, gracias, si tanta hambre tiene le acompaño pero a mí no me invite. Porqué tan esquiva. No, es que no tengo hambre de verdad.

Se sentaron en un restaurant a muchas cuadras del punto inicial. Él relajó el momento hablando de música. Así que eres cantante. Sí, cantante profesional. Te gusta algún estilo en especial. El rock, por supuesto. Sonríe por primera vez en toda la noche. Le obsequia un disco con las canciones del mejor artista de todos los tiempos. Lo observó entusiasmado, era impresionante verlo cantar con los ojos cerrados, sintiendo reventar en su rostro cada palabra en inglés, sus labios hablaban de un hombre que vendió el mundo. Esa canción es muy buena. Claro, la mejor. Los dos empezaron a cantar. Ella presentía que en aquel momento ya estaba enamorada de ese desconocido, y no rechazó sus besos cuando se despidieron, y no se ofendió cuando él le dijo para ir a ver las estrellas, y no se intimidó al decirle que sería su primera vez, y no lo dejó nunca, aun cuando la marca infame de la deslealtad quedó sellada en los besos perdidos sobre otra mujer.

Eros, el amor en su pureza, se había alojado en su corazón.


La Volupia explota en el sonido supremo de un tom.

Ella era consciente que su primera vez no iba a ser la última, que vendrían otras más, que era su destino ser aprendiz y maestra, cantante y espectadora.

La ciudad apagaba sus luces, esa noche él le había definido cuánto amor sentía por ella, lo mucho que anhelaba su piel, y lo infeliz que era al verla comprometida con el pájaro inglés. Ella sólo trató de ocultarse en el balcón, ansiosa por salir sin remordimientos de aquel encuentro. Su proximidad enmudecía al viento. Ella miró el cielo, suplicante, deseando no desear, aguantando las ganas valientemente, como la vez en que él se arrancó el polo en el intermedio, antes de los acelerados, listo para tocar la batería con libertad.

Estaba preparada para ese animal que aún no la persuadía, ni la hacía cambiar de sentir, ella seguía amando a su primer hombre, y en cada caricia, cuando él bajaba por la curva de su cuello, repetía que estaba enamorada de otro, y mientras el beso acalorado le cubría la boca ella gritaba que amaba a su salvador; el chiquillo le obsequiaba, con dolor, una invitación sensual para hacer del balcón una cama transparente en medio del cielo, hacer el amor así, sin temor a que los vieran, la excitaba mucho más. Acaso su amado tendría aquel sexto sentido, acaso la llamaría para preguntar amor cómo estás, ¿ya terminaste de dar tus clases de canto? Tal vez, poseído por el halo de las feromonas de su amada, correría tras ella para hallarla infiel con su mejor amigo. ¿Puede existir tanta casualidad que le impida consumar el sexo más ardiente de toda su vida? No.

No se sorprendió cuando tomó de sus caderas para sostenerla en la baranda. El sudor desaparecía en cada golpe del viento, la lengua oculta, penetrante, y ardorosa le cortaba los labios, el calor de sus manos buscaba el apoyo para no caer durante el último intento de enlazarse en sus piernas. Él tenía el vigor suficiente para derribarla nuevamente sobre el suelo, sin dejar de morder su cuello, como ella lo solicitaba, ¿acaso no le gustaban los vampiros? ¿Morderla no era algo chocante pero deliciosamente enfermo? Estaba con ella, la mujer cinco años mayor, una loca que no entendía cómo era amar sin fanatismo.

Al fin, él en ella, la Volupia exaltaba sus cuerpos, venerando su tenaz movimiento. ¿Era verdaderamente una vampira?


Safo, cierra el capítulo con su venganza

Safo anhelaba cada segundo estar con su amada; luego de confesarle sus deseos, notó su vertiginosa huída, la había llamado insistentemente a pesar del pedido que no la vuelva a molestar más. Pero la súplica de una mujer herida pudo más, accedió a hablar con ella por última vez y personalmente.

Entró a su casa, como la vez en que le fue a cantar, el cigarro ardía en la mano de su cazadora, quien decidida, se aproximaba cada vez más. Teniéndola tan cerca sentía su excitación, el humo de su última pitada reflejaba un exhausto respirar.

Ella, observando todo, sólo echó su cabeza hacia la pared evitando la bocanada; si intentaba algo, pensaba, se levantaría del sofá, y nunca más la volvería a ver, pero sintió la extraña firmeza de Safo, quien la sostuvo del brazo, acercándose, poco a poco apoyaba sus piernas en las de ella, aprisionando toda salida fácil, “Es decir, que tú no sientes nada si me acerco a ti?” “No” “Cómo no, no sientes mi pecho latiendo junto al tuyo?” “Sí, pero creo que ya me estás aplastando, me voy” “No, tú no te vas sin haber probado un beso mío”, “Estás loca” “¡Que me beses!” una mano sostenía su rostro fuertemente y otra acercaba el cigarro a su mejilla. “No!” por reflejo se cubrió con las manos, y tomó del cigarro empujando por los suelos a la sacerdotisa del infierno lésbico, “eres una estúpida, entiende que yo tengo quien me ama y a quién amar, entiende que no tengo los mismos gustos que tú, eres una loca”. Huyó aterrorizada.

La cara le dolía espantosamente, se observó con cuidado en el espejo del taxi y advirtió una llaga espeluznante; a pesar de haberse defendido, no pudo evitar esa marca horrible sobre su tez. Aquella noche sólo ansiaba llegar a su casa, curarse la piel y también el alma, ya era demasiado vivir tanto en tan poco tiempo.

25 noviembre 2009

Amor a oscuras

"Tiempo de amor
amor a oscuras
que tan solo un cigarrillo
de vez en cuando
alumbra
ese amor que vive en
penumbra"


Era Kriptonita quien, obstinado, me timbraba el celular. No había tomado en cuenta lo poco decente que era llamar a una señorita stressada y muerta de cansancio a las cuatro de la mañana, pero insiste y contesto en la nube que flota frente a mis ojos. ¿Aló? Hola Superchica, ¿podemos vernos? ¿Cómo? Kriptonita, ya déjate de estar buscando horarios imposibles, son las cuatro de la mañana y estoy jateando, llámame más tarde. ¿Sí? Estás segura de que no quieres nada ahora. Segurísima, me pelo de sueño. Está bien mi superniña, más tarde te llamo. Está bien, llámame más tarde. Nunca llamó.

Mientras tomaba el desayuno me preguntaba si a esas horas la había dejado en su casa, luego de algún concierto, recital o pollada bailable. Estaba ofendida por las últimas veces que intentó citarme a solas, pasadas las 11 de la noche o muy de madrugada, pero no en un horario en que ella estaba despierta, claro que no. Sospecho que él sospecha que ella sospecha de mí, pero qué podría sospechar si yo he rechazado siempre todas las propuestas sospechosas que me hacía, bueno, casi todas.

Todos almorzábamos juntos en el trabajo, apenas trago la comida, soprendida por las revelaciones que estaba haciendo este hombre de aparente debilidad física y magra concepción del amor.

- Amar es compartir.
- Pero y si la ama.
- Igual, la comparto.
- ¿Qué?
- Bah, si es casada, conviviente, soltera, viuda, ¡no importa! no soy celoso. Ella tampoco debería serlo. Allí empiezan los problemas, cuando ellas se creen con derechos, que a dónde vas, que porqué demoras...
- Pero don Juan, ¿Usted nunca se ha enamorado, verdad?
- Uno puede enamorarse de varias, mi querida Beatrix, en mi corazón hay espacio pa' todas.

Las risas se confundieron en todas la mesas del restaurant, y quizá los transeúntes de la calle también sonrieron ante el relajado comentario, con acento selvático, de este delgado señor.

Cambio de canal y veo el set de un programa matutino, un tipo habla pausadamente, en medio de mujeres exaltadas.

- Pero una tampoco va a hacer el papel de tonta doctor.

- Es que es una cuestión bien simple, hay que diferenciar dos cosas, o estamos frente a un acto de infidelidad o estamos frente a una escena de celos.
- Pero los celos nos guían con indicios a confirmar ese acto de infidelidad.

- Repito, diferenciemos entre un hecho de infidelidad y un hecho de celos, porque si se da que la persona está con otra aparte de tí, simplemente la solución ya saben cuál es, finalizar. Pero si se está frente a un acto de celos, que yo supongo que porque no contestas el teléfono, que porque has llegado tarde, hay otra persona. La mujer o el hombre, cual fuera el caso, supone, presume, sospecha, que hay infidelidad, pero los celos sólo son eso, una sensación que muchas veces crea peleas antes de conocer el verdadero hecho, y hace caer en el error. Aquéllas personas que no pueden confiar nunca van a ser felices, los celos siempre llevan a culminar una relación.

- Mira Beatrix, allá en mi pueblo un hombre puede estar con varias mujeres porque debemos poblar nuestros territorios.
- Es una excusa ridícula, cuando se enamore lo verá.
- Te puedes enamorar mil, dos mil veces, pero ¿porqué vas a celar?, es ridículo, uno nace libre.
- Ah no, yo no puedo hacer eso, si tengo la más mínima sospecha, si me da motivos, lo dejo, no estoy para aguantar que toque otras mujeres y luego quiera tocarme a mí.
- Es que es peor; recuerda, las mujeres celosas perfeccionan a los hombres, la próxima la hacen mejor. O tú crees que celando estás bien? Tu novio ya sabe qué esconder y cómo hacerlo.

Silencio en mis argumentos, me había quedado sin palabras.

- ¿Ves?
- Bueno, parece que.. ahora que lo pienso, es verdad; es más, cuando reviso su teléfono, ya ha borrado mensajes que no son míos, o registros de llamadas del día. Pero él es tranquilo.
- Tranquilo- ríe sarcástico- sólo se cuida más.
- Qué malo, cómo me siembra la cizaña
- Es inútil, debes vivir y dejar vivir.
- Me niego a aceptarlo.


El vino estaba a punto de acabarse, yo observo la última pitada que le da al cigarro; finalmente, mi amigo se ha vuelto eso que tanto odia: un bohemio posero. Las mujeres han recibido una educación represiva durante siglos, les han metido la idea de la virginidad, del matrimonio y esas huevadas. Pero igual flaco, eso no explica para nada la infidelidad, tú buscas justificarla nada más. Te estoy diciendo pes flaca, que el estado natural es la poligamia. Intenta un ejercicio en tu cerebro, imagina a una mujer que no ha recibido toda la carga cultural de la monogamia, y se encuentra sola en una isla, suéltale tres hombres no más...tú crees que al mes no se va acostar con esos tres y a la vez? Y porqué supones que sí lo va a hacer, si básicamente todo es hormonal y cuando la mujer no quiere no quiere pes, por ver tres hombres en una isla solitaria no se va a volver ninfómana a la mañana siguiente; si le gusta el chico, bien; si no, no atraca ni por 10 barcos que la saquen de allí; si se enamora, marca su territorio y nadie más posee su objeto sexual, así pasa también en los hombres.

Bebe sobresaltado. No, tú estás mal, no entiendes, como no hay nadie que la señale y le diga: qué haces con tres hombres, enferma, ninfómana, como le llamaste, ella se va a sentir libre y normal atraca con los patas. Oye flaco, tu sustento es ilógico, porque hace tiempo los seres humanos hemos dejado de ser tan neanderthales, la animalidad se ha reducido, te diré. Ya, sigue en tu mundo de hombres y mujeres fieles.

Nueva mañana, con esa conocida sensación de náusea que me provoca la cerveza barata. Extiendo mis brazos sobre la cama, y giro sobre mi cuerpo, el espectáculo de su belleza me admira, su cabello sobre la almohada, su cuerpo terso, vuelve su cabeza y me da el buenos días.

Al verlo, como hace dos años, observo cada milímetro de su cuerpo, su piel ya no es perfecta desde aquella cicatriz, marca de una emergencia que casi lo mata. Pero aún así, con el sabor desdichado de una traición mutua, me despido triste, porque sé que ya no habrá una mañana más, abrazada a su piel de ángel. La decisión final, de no estropearnos la vida, reluce tácita en nuestro último beso. Cada cuál se viste sin decir nada.

Las preguntas quedan, mientras empieza el duro trabajo de rechazar propuestas deshonestas. Desde aquella madrugada, le digo no a kriptonita, si nos volvemos a encontrar caeremos en ese ciclo vicioso de a ver hasta dónde me quieres. Amores prohibidos: váyanse al carajo.

11 octubre 2009

Empatados



- ¡Imposible! ¿Con otro?
- Sí, me engañaba con el bestia de su jefe.
- Maldita pendeja, pero ¿ella?
- Sí pues, no la juzgo eh, pero bien rata, todo este tiempo la pendeja salía con ese.
- Cómo que "no la juzgo" cojudo
- No me imites, tarado; bueno, es que no te he contado toda la historia.
- Ajá, seguro hay más carnecita. Cuéntale a tu cuate del alma
- Está bien, pero pidamos otra gaseosa, estoy con la resaca.
- Resaca? Pendejo cuenta

Es un poco complicado, así que no hagas muecas mientras me escuchas. Está bien, pero si no empiezas a contar te reviento en one. Bueno, ya te voy contando.

¿Y? ¿Y qué? Que traigan las gaseosas pues. Carajo cuenta o me voy y te mueres con tu historia atragantada en la garganta. Está bien, pero no te desesperes, porque tampoco es una gran historia. Oye te voy a tirar la botella en la cabeza, ¡empieza mierda! Está bien, está bien, tranquilo.

Empiezo, ayer salí tarde de mi trabajo, como sabrás estamos en época de inventario, habíamos hecho planes para ir a bailar con la susodicha, y me llama para decirme que no podemos vernos porque está cansada la pendeja, y yo todo estúpido le digo ya cariñito, estoy saliendo tarde de mi trabajo, si estás muy cansada mañana nos vemos, ella me dice que por la tarde sería mejor, tenía que entregar un encargo a su prima o algo así. Encargo, ja seguro y en vez de entregar el encargo se entregó ella, jajaja. No interrumpas pues, imbécil. Sigue contando, disculpa. Iba guardando las cajas hasta que vi un mensaje en mi celular, qué haciendo, de Camila, le respondo que estoy saliendo de mi chamba y que cómo estaba, ella me dice que aburrida y obviamente, si ella estaba aburrida y yo sí quería salir, la ecuación no necesita ninguna variable más. Quedamos en encontrarnos por allí cerca, en el bar de la avenida.

Todo estaba normal, porque si bien tuvimos algo hace tiempo, cada cuál andaba con su respectiva pareja. Sin mentirte, la vi riquísima, me excitaba la cojuda con su minifalda y sus botas, para qué negar que es muy atractiva cuando se lo propone. O cuando está borracha. Que te calles mierda, me desconcentra tu comentario. Oye pero si no puedo comentar entonces mejor no me cuentes pues, ¿porqué no puedo comentar? La flaca era borracha ¿no? Sí, pero ya estamos hablando de eso y estoy dejando de contar mi historia por tu comentario. Sigue.

La vi guapa, y me reprimí los halagos que hubieran salido, no quería dar pie a nada más. Era un encuentro de amigos al fin y al cabo, que no se veían meses. Sí, amigos. Sí pues, amigos, no te extrañe que muchos ex pueden ser los mejores amigos. ¿Salvo cuando se emborrachan no? Sigamos, me habló de su trabajo, de su esposo, de su casota y de los problemas que aún tenía con sus padres, no madura, con los mismos problemas desde que la conozco.

En realidad, conversamos de todo, siempre hablamos lo mismo, de la física cuántica, de Einstein y de los cantantes que le gustaban . Nos pedimos el clásico, ¡qué bien prepara la res de Pisco esa mujer! Le echa el punto exacto de limón, jarabe y hielo, pero tomamos la mitad no más, porque cerraban el local. Aguanta allí, a qué hora se encontraron. Plan de nueve y media de la noche. ¿Y a qué hora cerraban el local? Dos de la mañana. Estuvieron largo rato hablando de Einstein no? ¿No pasó más? Espera, estoy casi por la mitad de la historia. Bah, tú deberías ser escritor, porque cuentas con una paciencia las cosas, no puedes decir si te la tiraste o no de una buena vez. ¿Ya ves carajo? Para qué eres mi amigo, no sólo quiero contar los hechos, sino lo que sentía en ese momento. Pero no necesitas contar más, la querías tirar y te la tiraste y aún sigues templado de ella porque te dejó por el esposo que ahora tiene, no? Qué más vas a decir que no me lo hayas dicho y negado después. Jajaja, sí pues, siempre te he contado que siento algo fuerte por ella, y luego que ya se me pasó, pero cuando la volví a ver no sabes lo que sentía, me parecía la mujer más linda de la tierra, sobre actuada y todo a mí me encanta verla interpretar su papel de chica profesional e inteligente, viviendo la vida de una adolescente irresponsable. Me encanta verla, es como un cuadro que podría ver todo el día en una galería.

Habla, ¿pasó algo más que una conversación de amigos de años? Bueno sí. ¡¿Sí?! ¡No puede ser! Claro, ¿eso no querías escuchar?. No pues, dime la verdad no lo que quiero escuchar. Que sí, mierda; del bar nos fuimos cerca a su casa donde tiene una amiga dueña de otro bar caleta, y pedimos cerveza, y lo mezclamos con lo que nos había quedado de Pisco. Nos besamos y bueno, salimos a buscar cobijo por allí. Te la tiraste a la flaca, a tu ex, ¿tú? ¿Estando con enamorada? Pucha, no me juzgues. No te juzgo, estoy sorprendido, creí que nunca te atreverías a serle infiel a ... la pendeja; por eso buscaste estar con ella, ya sabías que tu flaca se estaba viendo con su jefe a escondidas. Nada, no sabía nada. Encima no lo hiciste por vengarte. Carajo, otra vez esa cara de juez. Es de sorpresa, hermano. Tampoco fue la gran cosa, estábamos demasiado borrachos. Seguramente, y ella qué te dijo, porqué aceptó. Al principio me dijo que no, que vamos a malograr la amistad y ese floro barato que dicen para no asumir la responsabilidad, porque ella terminó culpándome por haber trastocado la amistad, como si tener sexo dependiera de uno.

No quiso hablar del tema y nos despedimos, ella estaba avergonzada imagino, porque no me respondió cuando dije que la quería. Es que no te quiere, simple. No es así, claro, yo la sigo queriendo, ella me quiere menos, pero no significa que no me quiera. Ya, no lograste amarrarla de nuevo. Caminé para pensar un rato, estaba bloqueado, me acordé de mi flaca, la quería llamar porque me sentía perro, la peor basura, uno de esos patanes que aprovechan el descuido de su flaca cansada para salir con otra; en ese momento, levanto la cabeza para cruzar la avenida y la veo a la pendeja, saliendo de una pocilga abrazada a ese cabrón de su jefe, casi me atropella un carro, crucé como loco, dispuesto a matarlos a los dos, sobre todo a ella, por pendeja. Y justo cuando ambos me vieron y ella se quedó tieza, me detuve, sorprendido, bloqueado, maldición, estaba con toda la resaca encima. ¿Y sabes lo que le dije? ¿Cómo decir, no les ibas a pegar? Quería, lo iba a hacer, ya estaba levantando los brazos, pero me quedé paralizado y con toda la furia de mi cuerpo sólo pude soltar: "Perra pendeja... quedamos empatados"; luego, me dí media vuelta y caminé cuadras y cuadras, hasta llegar a tu casa.

-¡Qué imbécil!
- Sí, eso mismo pienso yo.

01 mayo 2009

Égloga

A Nasciturus

For many hours and days that pass ever soon

the tides have caused the flame to dim

At last the arm is straight, the hand to the loom

Is this to end or just begin?

"All of my love", Led Zeppelin.


I

Observo mis manos, esta vez, como tantas otras, no sostengo a nadie, no respondo preguntas obvias, ni camino pendiente de lo desconocido. Ciertos momentos, cuando bajo la guardia, siempre aparecen las mismas dudas; luego, te imagino en brazos de otros corazones, sonrientes y emocionados, serían mujeres altas, bajas, morenas, sencillas y altivas, aún no es posible determinarlo, sólo confío en que tu llanto creará la conexión y la historia volverá a comenzar.


II

Mi habitación era salvajemente iluminada por el amanecer, el bombardeo de luz anunciaba un día cargado, era la semifinal de un campeonato y debía llegar temprano. Pantalón azul, camisa naranja, casaca negra y zapatillas marrones, salí corriendo, huachafa hasta el infinito, pero siempre segura de mi talento, aún no existiendo el concepto escurridizo de aquél, lo sentía. En el paradero iba creando la estrategia para ganar rápido y salir lo antes posible con cualquier excusa.

Ella estaría durmiendo, la veo pensando en los abrazos y caricias de Setiembre, su mes, génesis del gran amor alcanzado; de hecho no recordaba su rostro, pero memoricé inconcientemente sus gustos personales, podía imaginarla en cualquier situación con las palabras exactas que emanaban de su boca promiscua; su habitación inundada de alcohol, hacía eco de los besos que recibía de él, la odiaba por no saber de mí, y a él por dejar que lo despreciara sin mayor dolor; sí, lo detestaba porque había puesto su corazón a una distancia imposible de atacar; no sufría, como yo, al no verlo sufrir.

La ruta del bus volvía a distraerme, mientras leía letreros y calles; de pronto, la canción que había sintonizado el chofer detenía los corazones y aceleraba otros músculos, era el summun del cosmos, hermosa, fuerte y destructora canción de quién sabe qué ritmo. ¿Acaso no tenían más que inventar los hombres que se envolvieron en el rock? Robert Plant cantaba sin saber que yo cambiaba de paradero para bajar antes y no seguir torturándome con sus mensajes de sábado en la mañana.


III

En noches donde los suicidas asolan la calle, cuando la madrugada reaviva los rincones más peligrosos de la ciudad, y éstas se llenan de basura y de borrachos, pienso en la vida contigo y sin ti. Cuando muere alguien que no quería morir, cuando sufre alguien en el cuarto de al lado, sólo puedo pensar en ti. En tus cabellos no crecidos que me obligan a disimular que no arreglo a nadie, que no acaricio a nadie, que no he muerto dentro de mí por ti. Es triste revelar una foto imprecisa que jamás fue tomada, de un cumpleaños no feliz, de otro mes sin esperanza. Me pregunto si habrías sentido la opresión de tu pasado aceptando la sentencia, de olvidarse de lo demás y entregarte a la corriente de la vida, que siempre arrastra, con piedras y lodo, que siempre ahoga y mata sin pudor.

Me pregunto si lloraste conmigo en mí.

IV


Alguna canción cantaba tu padre mientras me abrazaba, después de la semifinal, cuando quedamos sub-campeonas en Octubre de hace dos años, después del largo viaje para tomar aquella decisión que me haría retener su voz en mi memoria, después de los partidos, y de las mecidas, él abrazaba lo poco que quedaba de mí.

Desaparecieron los síntomas, su voz volvió la mañana en tarde oscura, era la primera vez que escuchaba a Amy, era la primera vez que me sabía abandonada por un partido mejor. Era la primera vez que perdía como Eric Clapton en su Tears in heaven, o Robert Plant en All of my love. Tú morías y yo me inundaba en pleno octubre de aquella frustrada relación de músico-escritora. Cuánto te amé en ese momento, y cuánta carga en mi tristeza acumulada. Ella existía para él y tú desaparecías para nosotros.

El mundo vampiro se lo llevó y yo, por mi lado, siempre que te veo en brazos de otras imagino las infinitas probabilidades de tu nombre. Esta noche estoy con dos catedrales sobre mi boca, esta noche he decidido escuchar a Robert Plant, esta noche he decidido comenzar por abrazar a mi nasciturus en un cuerpo que nunca lo refugió.

Brindo por tí y por el perdón. ¿Existe el perdón en el más allá?

22 abril 2009

Apreciaciones al más allá

Me concentro, y extiendo mis manos alrededor de mis rodillas, explorando la posición Flor de Loto de antaño, sin lastimar mis articulaciones, me acerco un poco al más allá, para que mi aura cósmica, satelital, de Frecuencia Modulada, pueda transmitir esto que pienso decir:

Qué tal, yo sé que estás ocupado, primero, pensando en el porqué de la existencia de esa dimensión, lo sé, yo también estaría en shock luego de la decepción “Uy, Caraxo, había vida después de la muerte”. Pero bueno, ya estás allí.

Lo opuesto a lo que esperabas, no soy a quien le debes uno de tus tantos libros robados, tampoco soy fan, ni deseo un autógrafo. Está bien, yo sé que todo el mundo te adora, te otorgaron premios distinguidos, y los más leídos te valoran como uno de los mejores escritores de nuestros tiempos, pero ¿la verdad? No me gustas, discúlpame Bolaño, me gustaría que me gustaras; primero, porque sería una forma agradable de retribuir el favor a un amigo, "¡Me encantó! Muy bueno, gracias por prestármelo"; segundo, porque coincidimos mucho en tendencias políticas; pero no, no me gusta tu estilo, y mucho menos me marcan tus historias, salvo dos o tres relatos, los demás me parecieron tan poca cosa para tu celebrado "Llamadas Telefónicas".

Iremos por partes, frase de Jack. Haremos la autopsia de tu genialidad y mi pésimo gusto, o de mi sincera forma de sentir las cosas. Siguiendo las palabras de mi profesor en la universidad, pasaremos a preguntarme cómo así Bolaño es Bolaño, y porqué le gusta lo que le gusta, y ha escrito como ha escrito; es decir, elaboraré un pequeño, brevísimo, Marco Teórico para comprenderte un poco.

Bolaño admira a Cervantes, Melville, Stendhal, Joyce, Kafka, y adivinen, a Borges, todo retumba en el teclado, se hizo la luz. Por supuesto, quien gusta de Borges, lo llega a admirar tanto como para buscar en su estilo un cobijo en palabras con hartos significados y personajes con historias recreadas pero que casi tienen el mismo discurso que el autor. Asimismo, los que adoran a Borges difícilmente poseen la sensibilidad y la maestría estilística para disfrutar de Gabo y compañía, eso es para destacar, a Bolaño poco le interesa Gabriel García Márquez y MVLL.

Tomas algunas definiciones rebuscadas, algunos autores que impresionan de sólo nombrarlos, ilustraciones de la experiencia de tu círculo juvenil, poetas poseros y allí, un libro; obviamente, sin desechar las fricciones del sexo libre para atrapar al lector. ¿Voy bien? ¿Me sigues? Como diría uno de tus personajes. Era lógico, te gusta mucho el género porno tanto como el policiaco, tu novela debía tener esos detalles innecesarios de contactos íntimos, que lejos de atraparme, como lo haría a cualquiera con una ligera dosis de testosterona, me aburría y lo dejaba de lado, ¿Acaso era la gran novedad cómo salía de la castidad el envanecido García Madero?, claro que no, pero tu forma de narrarlo muy a tu estilo corriente y más descriptivo, desaprovechó la memorable escena, todo por describir tu vivencia tal cual.

Se supone entonces, que cuando lea tus obras encontraré más de ti, mucho más de ti. Tus parejas libres, tus círculos literarios y Trotskistas, tus escritores mexicanos y españoles, tus amigos frecuentes y extendidos en otros libros. Siempre me tropezaré con tu complacida costumbre de mencionar, sin que te lo pregunten, qué autores has leído y admiras; siempre alguno de tus personajes mencionará a Rimbaud, Lihnn, o Nicanor Parra; eso es plausible, pero desparramar en casi una página completa uno por uno los autores que leía García Madero en esos años, separándolos por miserables comas que apenas lograban hacer descansar la vista, fue verdaderamente inaguantable. Tu oralidad exagerada me llevó a preguntarme si los críticos no leyeron bien tu libro "Detectives Salvajes" antes de refrendarte sus elogios.

Finalmente, por alguna extraña casualidad, justo, mientras repasaba algunas páginas de tus “Llamadas Telefónicas” cayó en mis manos uno de los libros más sublimes que he leído, de Gabo, por supuesto, “Doce cuentos peregrinos” (quien no lo ha leído, ¡qué espera para bajarlo de la red!). Es extraordinario, son relatos pulidos, con el equilibrio perfecto de personajes extraviados y absurdos, el amor en cada uno de ellos, las descripciones y los ambientes, Gabo sabe mucho más de eso; imposible no amar lo que escribe.

No todos apreciamos lo mismo, te he leído en un libro físico, y a Gabo en un maltrecho formato txt que me permitió mi lector de textos, pero aún así, la calidad sobrevuela y se libera de los medios, las palabras han llegado y veo que sólo puedo maravillarme con Gabo y decepcionarme de tu estilo.

Tal vez una amistad como la tuya me hubiera nutrido mucho, de izquierdas, práctico, culto, escritor, poeta, atrevido. Pero no te conocí sino a través de tus textos, y bueno, ya te lo dije, no me gustas. Gracias por escuchar, porque hasta ahora no respondes nada. Ya que estamos aquí, ¿Podrás pasarle la voz a Poe? Tú traduces, sí. ¿Cómo que no sabes inglés?

13 abril 2009

::::::Abstractio::::::


Siento la violencia de mi cama, he caído sobre ella, mientras un ser invisible programa en el reproductor música suicida y lacerante. En el techo de color blanco imagino la escena de Poe, las notas avanzan en su tortura, unidas, bajan amenazantes, sobre mi piel, como el péndulo filudo que cortará mi vientre. De pronto, no avanzan más, un recuerdo nocturno detiene el tiempo.

Conclusión última de aquella noche: Ningún otro ha logrado conmoverme tanto de la pura contemplación de sus labios



Plegaria


Le gano al miedo y tomo el vaso entero de cerveza, me lleno la garganta de su sabor amargo. Es una noche de actos intrascendentes, donde había que festejar la condena a un asesino famoso. Porsupuesto, lo que conversábamos escapaba de la importancia de ese hecho. Era el grandioso monólogo del éxito, no sabía si era el humo de tu boca que llegaba sin intención a la mía, o tu emoción lo que me dejaba sin palabras. Estás concentrado y vomitas tus convicciones sobre la mesa, me fascinas. Qué ganas de ser como tú, ciego de tanto brillar. Quiero hablar de mis sueños pero me averguenzan, y tú, como adivino, me exiges que estos sean los más altos posibles. Pide lo más difícil, no te importe el cómo, sólo mira la meta, imposible o no, llegarás.

Eres energía completa, observo tu piel, tu mirada penetrante, tu cabello aún mojado y sujeto; pulcro. Lo sabía, tú querías hipnotizar, esa noche yo era tu presa,y no me afectaba, o en realidad sí, por eso fui segura con un No bajo la lengua.

El local se queda vacío, la dueña cierra la puerta, y por el televisor veo que mi equipo va ganando, la noche se volvía perfecta. Al salir, deducía todas las probabilidades, y nuevamente la guerra era conmigo misma.

Siempre te consideré dispuesto, estaba segura que atenderías cualquier llamado, que podía tenerte cuantas veces quisiera, de cabeza, cansado o reconfortado, tú vendrías igual; pero mi poder limitado por tu corazón mataba mi deseo. Yo no me contentaría con poseer sólo tu cuerpo, yo quería tu alma y tus sentimientos. La imposibilidad de tu amor me detenía y el sabor de tu desapego me agriaba la vida entera. Por eso no llamaba y no aceptaba más que simples conversaciones.

El parque recuperado, las parejas sentadas en el pasto, y la iluminada vereda no te cohibieron, allí estaba tu piel acariciando mi cintura, pidiéndome que tomáramos más cerveza por ahí. Dejé de caminar y te miré como la última vez que te dije que jamás nos volveríamos a ver. No resistí más, el beso surgió atravesando mi instinto de supervivencia, la plegaria aquella tenía mucho de verdad, esa plegaria que repetía mientras te veía hablar sobre la mesa.

Cuando lo escribo vuelve la noche de caminatas y besos, la intensidad de tu boca y tu abrazo no bastaron para convencerme. Me negué heroícamente, en honor al sentimiento que siempre me mantuvo conectada a tí. Me encierro este Domingo en cada palabra y gesto tuyo. Acaso tú, salvador de almas, entenderás qué es lo que quiero, tal vez lo entendiste y yo ahora tendría que comprender que sí lo hiciste y esa es tu respuesta, ofrecerme lo mismo. Si no eres de ellas, ¿entonces de quién?

Hoy, Domingo de resurrección, sigo escuchando tus canciones, las que compartes con toda la ciudad. Yo sólo repaso la plegaria de martes Un beso tuyo bastará para sanarme...




30 marzo 2009

Vibranto

Siempre he tenido la certeza de que los hombres amantes de la buena música tienen la infinita habilidad de conquistar a una mujer, cualquiera, hasta la más imposible. Esta idea formaba parte de la sabiduría popular y desde niño he leído muchas historias y chistes gráficos sobre aquello que la música podía amansar a las fieras.

Con ello queda claro que la capacidad de conocer buena música mejora al amante, a tal punto que el gusto es el arma y las municiones, todas aquellas interpretaciones en voces e instrumentos geniales. El más selecto y variado gusto por la música construye el artefacto más sofisticado para cazar amores; sólo está la circunstancia, ella pregunta, o simplemente pide que compartas tu audífono y allí la sorpresa, y sus labios extendidos "¡Que buena!", "A mí también me gusta", un experto narrará el proceso creativo de aquella canción, aprendido o inventado; el imbécil dirá un simple "qué bacán, tengo más canciones".


Me confieso un experto, antes era un lector apasionado, los románticos eran mi fuerte, pero no lo decía; amaba por sobre todas las cosas a la diosa fantástica de la Poesía, hasta que descubrí la música, la sensación de poder cuando volaba con ella drogaba mis pensamientos . A través de los años aprendí a manejar las cuerdas emocionales del resto, sabía cuándo se debía acompañar con alguna nota suave o cuándo abrazar el salto de un buen rock. Muchos amigos quedaban fascinados ante mi magnífica colección de discos. El mundo de la historia musical se hallaba en una gran sala acondicionada como altar a las notas musicales y no había reunión donde no agasajara al resto con sus artistas predilectos en aquel espacio de arte.


La fiera más difícil de domar había llegado. La detecté justo cuando entraba a los ensayos, delgada y silenciosa, con una expresión vacía en la mirada, toda una estatua de hielo. Yo era el encargado de la música en la obra de teatro y le pedí a mi mejor amigo, director de la obra, que me presentara como el genio que era. Percibí que ella no deseaba conocerme, pienso que tenía prejuicios, como todos, sobre los músicos creativos; no quería nada, ni la mínima intención de una relación amical,sólo sonrió cuando supo mi nombre y se retiró a ensayar, no existía, ¿ Qué quería ella? No lo sabía, pero lo descubriría con la música.


En aquella oportunidad no me alisté para la fiesta, luego de la perfomance alcancé a los compañeros del teatro en la casa del director. Llegué cuando empezaba el brindis, el anfitrión hablaba en voz alta :"Un brindis por Oscar, el músico talentoso. Hoy, como en otras ocasiones, nos ha traído lo mejor para escuchar y salud por mí, porque ganaré el premio de la crítica este año", agradecido lo saludé con la cabeza, todos sonreían, incluso ella, sin ganas.


A la hora y media estaba por acabarme una botella de Pisco, la noche fundía las luces de la casa, la oscuridad iba volviéndose contra mis ojos. Algunos minutos después, sentía que no podía vocalizar palabras completas; él, que había dejado a otros a cargo del equipo, me diría cosas que no recordaría luego, tampoco mi memoria ha guardado las palmadas que recibí, probablemente habría conversado con cada uno y no me habían entendido que no estaba para escuchar sus problemas; y por alguna extraplanetaria razón, no me sorprendió verla sentada junto a mí, haciendo un contacto más allá del tercer tipo, seguro aprovecharía mi dejadez para obtener la información que quería. Yo seguía bebiendo con ella que me preguntaba a medias si podía llevarla a su casa.


Fuimos a su casa, nunca imaginé un espacio tan tétrico para una mujer tan bella. Poca luz, imágenes tristes y lúgubres, la luz de la calle iluminaba a duras penas un grupo de cuadros extraños; uno brillaba por sus colores menos oscuros, una réplica de el Paraíso de Tinttoreto; ella complacida de mi buen ojo comenzó a señalar uno por uno los quince cuadros distribuidos a lo largo de su recibidor, turbado sólo recuerdo las últimas que no eran escasas de talento: este magnífico cuadro es La Pesadilla de Henri Fuseli, El Fantasma de las pulgas de Blake, aquí tienes El Aquelarre de Goya, y claro, si hablamos de él no podía faltar este Saturno devorando a sus hijos, parecía una niña mostrando su tarea. La miré con desprecio, nada más detestable que una presumida, una hermosa y fría presumida.


Entramos a su habitación, yo palpaba todos los muebles, buscando algúna maldita caja que pareciera un tocadiscos. Hey dónde pongo la música, mejor traigo mi reproductor con parlantes, lo dejé en el carro. No es necesario, en realidad no tengo equipo, no me gusta la bulla. Mi casa sólo es imágenes y figuras como verás. Pero no dije que iba a poner bulla, sino música, de la buena. No hay música buena. Cómo que no, hay música para todo y para todos, tal vez tus gustos sean poco usuales. No, nada de música por favor. Sus últimas palabras hicieron temblar mis brazos, increíble, ella intentaba acabar con mi deseo de música, ferviente deseo, poderoso, incluso aún más que la promesa sexual de sus besos. Espera, qué tipo de música te gusta, es decir, si quieres ponemos el Lacrymosa de Mozart, qué especial sonaría recorriendo los cuadros de la casa. ¿Es tan importante? Bueno, luego del encuentro siempre oigo algo de música. ¡Odio la música!. ¿Qué? Eso es imposible, y cómo actúas en el teatro. ¡Con algodón en los oídos! Mentirosa, bromeas, no?, ya traigo mi reproductor. Lárgate no soporto esas cosas, creí que podría intentarlo contigo, ¡vete! ¡Te boto maldito! Estoy seguro que no hice nada extraño, me disponía a salir y ella comenzó a lanzarme cosas que me dolían cada vez más, el peso y la solidez aumentaban con sus gritos y su ira. Calmarla era imposible, era peor que matarla, me refugié en mi auto y salí corriendo.

Mi amigo el director no comprendía tampoco. En realidad la contraté sólo para la escena de muerte trágica, ella implementa unos efectos especiales, deberías ver su videos, sangrientos al máximo. Es loca, es loca, le falta un tornillo, ponerse así sólo porque yo quería escuchar música, yo quería aderezar el encuentro, llegar a su alma. Sí y luego para que se obsesionen o te busquen a la salida de los ensayos. Qué bueno que no la enganché. Sí ya era hora que una más te choteara. ¿Cómo una más? nada, la otra era una tía casada, en la vida. Oye si ella odia la música ¿cómo se llama a eso?, yo amo la música y soy melómano. No sé, ya encontraremos algún nombre, hoy es la presentación y tengo que buscar otra flaca en los efectos; no es una profesional, renunciar porque no se lleva bien con el músico creativo. Bah, locas.

26 febrero 2009

N é m e s i s

Reconozco que me parecía ridícula, incluso miserable; y de alguna forma la detestaba, pienso que la llegué a odiar por las poses que asumía para confirmarse ella misma que era toda una estrella, una artista cabal, rabiosa de la poesía, la música y la pintura, no digo del baile porque jamás la vi bailar. Era la mujer perfecta.



- No hay definición, aún se está deliberando a los finalistas del concurso

- ¿Pero no se supone que han tenido una semana para decidir? Qué ganas de joderle a uno el fin de semana.

- Paciencia compare, dos horas más y ya podemos retirarnos.

- Ta su mare, tanta huevada para unas cojudas que no tienen montalván.

- Ve, si dicen que son lo mejorcito de la culturosa ciudad.

- Se la llevan fácil, escriben cualquier cosa y ya está, poeta. Ya no hay poemas como los de antes: que del cielo cayó una rosa y se la recogieron unas mamitas, o algo así.

- Qué hablas oe, haber léete los 600 poemarios, totalmente distintos eh, y decide cuál va a ganar.

- ¿Estás rayado?, qué me voy a soplar todas esas huev..., ehem, ahí viene la Presidenta.



Si fumaba o bebía mucho era de esperarse, por lo menos un defecto debía poseer aquella mujer perfecta, para abarcar, completísima, la frase : Nadie es perfecto. Pocas veces revisé sus textos, no podía leer sus poemas sin imaginarla en su clase de idioma extranjero redescubriendo la nueva conjugación de verbos y la omnipotencia del yo soy, tu eres, ella es. Simplemente, la forajida del infierno no iba con mis gustos exquisitos de la prosa y el verso universal; a mi parecer le reventaban cohetes porque vociferaba que le gustaba la magia negra y succionar la sangre de cuellos masculinos. ¿Acaso yo estaba loca? La loca era esa tipa y todos aquellos precursores de la crítica forística que se desvivían por coronarla como la poeta maldita de la lírica contemporánea, ¿lo dije bien? ¿Se entiende que era un talento inexplorado para muchos que no habían leído a Baudelaire o Vallejo ?



- Señores les voy a pedir que guarden silencio y la compostura debida. Hasta la mesa del jurado se oyen sus palabrotas.

- Disculpe señora, no volverá a pasar.

- Ustedes deben dejar de conversar y dedicarse a servir a los invitados, ¡hagan su trabajo!

- Disculpe señora, estábamos hablando de fútbol.

- ¿Fútbol? ¿En esta gala de premiación para la poetisa del año? Después dicen que la ignorancia es por falta de oportunidades. Ya quisieran muchos presenciar esto, ustedes son unos pocos privilegiados.

- Sí señora, estamos contentos de estar aquí.

- Bien, los estaré observando desde el Jurado.


Definitivamente me daba escalofrío, no sus metáforas ni sus alucinaciones de marihuana barata, no; me daba escalofrío pensar que eso pudiera ser publicado por alguna editorial importante, qué sórdidos versos aniquilarían en vano tantos árboles para sus papeles manchados de oscura inspiración. Tal vez no sea muy justa, pero el verdadero arte es así. Dirían que sólo la envidio, o que estoy celosa de su fama. Repito que no, que estoy orgullosa de lo que he logrado, de mis publicaciones a medias y mis recitales, tampoco he tenido mayores problemas para conseguir empleo en uno de los periódicos más importantes de la ciudad, y si ella publicara no dudaría en solicitar la columna de crítica literaria para dejar muy claro que no es cosa de otro mundo lo que desborda en sus escritos.

- Allí están, esperando el resultado final.

- Quedaron pocas.

- De las 50 allí paradas cuál crees que gane.

-La más fea.

-¿Porqué?

- En estas vainas la más fea siempre gana, ¿no?



La detallé así, frente a los otros, para que tengan una visión distinta a la del resto, probablemente nadie le haya dedicado tantos minutos a esa flor venenosa como yo en la sesión anterior. Y porqué digo todo esto, porque sé que están pensando publicarla, me han comentado de sesiones fotográficas en el puente de Barranco, en Quilca y demás, es una de las finalistas favoritas para ganar. No quise imponer mi opinión, sólo es un caso neta y puramente literario, hay muchos otros talentos que merecen rescatarse. Las discusiones que he tenido como Presidenta del Jurado ante el resto de colegas escritores me han creado desavenencias que finalmente no destruirían esa línea de pura amistad que hemos conservado en años, y entiendo por ello que respetan mi opinión, y la de otros, por supuesto, no creerán que soy la única que sostiene el poco valor de una poetisa como ella. Considerando ello, espero que me alcancen el sobre con el resultado final de la mesa verificadora de votos.

- Allí va el sobre compadre.

- Silencio, la ñorsa va a hablar.

Me presento como Presidenta del Jurado y declaro a la ganadora del Premio Conciliabulum Editores, Poetisa del año según los críticos más selectos de todos los medios. Leo sonriente y felicito a la ganadora que es la mejor, y está por sobre ella que seguro ha girado su rostro para llorar. Es un honor ver la realización de otras chicas talentosas que sólo necesitan el impulso para triunfar.

- Compare, ya alista todo para ir limpiando. Recoge las copas vacías.

Sí, la veo sufrir, está cubierta por un montón de abrazos incrédulos, ya no es perfecta, esta noche es la perdedora del año, quedó en cuarto lugar. Es inapropiado pensarlo, pero en el fondo me encanta su rostro sufriente. Así debe ser la historia de mi enemiga, una mirada de odio no me conformó, ahora sí estoy satisfecha con la vida.

- Oe, he visto a la ñorsa meterse al auto del tío canoso, más regalona.

- Su marido seguro, quién aguantaría a la ñorsa.

- No es su marido, yo conozco al tío pe de otros banquetes. Este pata me parecía de la otra mesa.

- ¿Cuál mesa?

- Esa pe, donde contaron los votos.

- Esa tía se las sabe todas, estará más aguantada. Pendeja, que si supiera su marido.

- Ya deja de hablar y apúrate para irnos más temprano.

29 enero 2009

Crónica de madrugada Vol 1. - Versión sangría




Escrito en Mayo 2006

Cuando tiraste la hamburguesa al suelo gritando que no te gustaba, nos miramos con los ojos abiertos, tan abiertos como la cortina del Teatro Nacional. Ella, su hermano y yo, desbordamos la risa y nos sentamos en las gradas de la puerta para observarte con la poca seriedad que nos quedaba. "Tranquilízate" alcanzamos a decir, la segunda jarra de sangría había ayudado enormemente a tu desequilibrio, no sólo emocional sino físico.


Habíamos parado en el puesto de fast food callejero, vale decir, en la carretilla saliendo del video pub; "para que se nos pase la borrachera", "come tú también" te ordenaba, haciendo gala de una severidad sobreactuada, y mordiste cualquier cosa menos mi sandwich, "no sé, mastico pero no alcanzo","todo lo veo borroso, el piso se mueve, ¡que se detenga!" gritaste con tu mirada de ánime japonés, la risa me ahogaba. A los segundos te veíamos marcar insistentemente un número en tu teléfono celular, quizá ya era muy tarde para recordarte que no tenías crédito, lo supimos: ya era tarde, cuando vimos volar tu celular por los aires, " ¡Este teléfono no funciona!", y decidimos guardar el inocente aparato victimado por tu sangre alcoholizada.


Desde mi teléfono intentaste llamarlo, como pactamos tácitamente las tres esa noche, cada una intentaría vencer la vergüenza y marcar sin importar lo que sucediera luego. Nos sobrevino una melancolía solidaria ante el pasado que no terminábamos de ahuyentar. Respondí por tí "Aló, ¿se encuentra Julio?", la otra voz masculina seguía diciendo aló, sin entender quizá mi deficiente pronunciación, "Aló ¿me oye?", y empezaste a gritar "Alóooo" por toda la cuadra "Alóoo, responde". La vendedora miraba de reojo, pensando en botarnos de su puesto de comida antes de espantar a su clientela, suerte que sus últimos clientes éramos nosotros, y la calle sólo contaba con algunos jóvenes borrachos, mirándonos por supuesto, éramos el espectáculo gratuito del circo "Borrachas dignidad", colgué el fono.


Llamar al "ex" en una noche etílica era algo inimaginable en mi concepto de trancas o resacas, pocos amigos ya me habían contado de otras anécdotas no menos vergonzosas que esa. Me tocó hacer la llamada, saboreaba la salsa ketchup y mayonesa, preparando mi voz, pausada, tranquila. Alcancé a recordar su número - ¿alcancé?, si lo tenía grabado como cicatriz en la frente- y lo marqué con todo el temor implícito en el acto. ¿Quién respondería?. ¿Seguiría siendo su número?. El carpe diem memento mori seguía fastidiando, nadie contestaba; insistí, pensando en que tal vez me arrepentiría de este acto como nunca antes de otro. No estuve errada.

"Aló, sí?", la voz era muy dulce, delicada, amable y como siempre digo: Tan todo eso que no soy yo, femenina. "Buenas noches", era madrugada, para ser exactos 3.58 am, ya era indicio de borrachez, de poca dignidad "Se encuentra...?", pregunté por él, y esa voz suave, sin alterarse, disculpándose diría yo, me respondió "En estos momentos está dormido", "Oh, disculpe, dígale que llamé y que me devuelva la llamada a primera hora", ¿De parte de quién? De parte de... Matilda, di otro nombre por supuesto, acordándome de la inefable Nataly Portman en esa película donde la niña quería ser yo, pero con mejor suerte. Me despedí con el "buenas noches" , y me sepulté en mis culpas, en la verguenza de aquel acto, me reí con ustedes; mi consuelo era que al menos las tres estábamos compartiendo este ridículo. Ella también quiso llamar, para equilibrar el asunto, y le respondió una voz parecida, el hermano que detestaba que lo despierten.

Esa neurótica noche terminó con el aluvión de emociones que jamás te dejaremos olvidar, por más que asegures convencida que no te acuerdas de nada. Sí, claro. No te acuerdas de tus gritos cuando su hermano te cargó para avanzar más rápido a su casa, el "shhhh" más escandaloso de tus labios para pedir silencio, todo el ingenio para caber las tres en la cama, tus náuseas, la increíble decoración que hiciste sobre la almohada (por suerte ella se movió a tiempo). Escribo y me río de tu resaca amiga. Aún recreo en mi mente la sensación de amor imposible que las tres socorríamos con nuestras risas de borrachas. Dulces 23 amiga. La época de nuestros golpes y hondas caídas.



::::::::::::VERBUM SAPIENTI::::::::::::::::::::

::::::ORBIS TEXTUS::::::