29 enero 2009

Crónica de madrugada Vol 1. - Versión sangría




Escrito en Mayo 2006

Cuando tiraste la hamburguesa al suelo gritando que no te gustaba, nos miramos con los ojos abiertos, tan abiertos como la cortina del Teatro Nacional. Ella, su hermano y yo, desbordamos la risa y nos sentamos en las gradas de la puerta para observarte con la poca seriedad que nos quedaba. "Tranquilízate" alcanzamos a decir, la segunda jarra de sangría había ayudado enormemente a tu desequilibrio, no sólo emocional sino físico.


Habíamos parado en el puesto de fast food callejero, vale decir, en la carretilla saliendo del video pub; "para que se nos pase la borrachera", "come tú también" te ordenaba, haciendo gala de una severidad sobreactuada, y mordiste cualquier cosa menos mi sandwich, "no sé, mastico pero no alcanzo","todo lo veo borroso, el piso se mueve, ¡que se detenga!" gritaste con tu mirada de ánime japonés, la risa me ahogaba. A los segundos te veíamos marcar insistentemente un número en tu teléfono celular, quizá ya era muy tarde para recordarte que no tenías crédito, lo supimos: ya era tarde, cuando vimos volar tu celular por los aires, " ¡Este teléfono no funciona!", y decidimos guardar el inocente aparato victimado por tu sangre alcoholizada.


Desde mi teléfono intentaste llamarlo, como pactamos tácitamente las tres esa noche, cada una intentaría vencer la vergüenza y marcar sin importar lo que sucediera luego. Nos sobrevino una melancolía solidaria ante el pasado que no terminábamos de ahuyentar. Respondí por tí "Aló, ¿se encuentra Julio?", la otra voz masculina seguía diciendo aló, sin entender quizá mi deficiente pronunciación, "Aló ¿me oye?", y empezaste a gritar "Alóooo" por toda la cuadra "Alóoo, responde". La vendedora miraba de reojo, pensando en botarnos de su puesto de comida antes de espantar a su clientela, suerte que sus últimos clientes éramos nosotros, y la calle sólo contaba con algunos jóvenes borrachos, mirándonos por supuesto, éramos el espectáculo gratuito del circo "Borrachas dignidad", colgué el fono.


Llamar al "ex" en una noche etílica era algo inimaginable en mi concepto de trancas o resacas, pocos amigos ya me habían contado de otras anécdotas no menos vergonzosas que esa. Me tocó hacer la llamada, saboreaba la salsa ketchup y mayonesa, preparando mi voz, pausada, tranquila. Alcancé a recordar su número - ¿alcancé?, si lo tenía grabado como cicatriz en la frente- y lo marqué con todo el temor implícito en el acto. ¿Quién respondería?. ¿Seguiría siendo su número?. El carpe diem memento mori seguía fastidiando, nadie contestaba; insistí, pensando en que tal vez me arrepentiría de este acto como nunca antes de otro. No estuve errada.

"Aló, sí?", la voz era muy dulce, delicada, amable y como siempre digo: Tan todo eso que no soy yo, femenina. "Buenas noches", era madrugada, para ser exactos 3.58 am, ya era indicio de borrachez, de poca dignidad "Se encuentra...?", pregunté por él, y esa voz suave, sin alterarse, disculpándose diría yo, me respondió "En estos momentos está dormido", "Oh, disculpe, dígale que llamé y que me devuelva la llamada a primera hora", ¿De parte de quién? De parte de... Matilda, di otro nombre por supuesto, acordándome de la inefable Nataly Portman en esa película donde la niña quería ser yo, pero con mejor suerte. Me despedí con el "buenas noches" , y me sepulté en mis culpas, en la verguenza de aquel acto, me reí con ustedes; mi consuelo era que al menos las tres estábamos compartiendo este ridículo. Ella también quiso llamar, para equilibrar el asunto, y le respondió una voz parecida, el hermano que detestaba que lo despierten.

Esa neurótica noche terminó con el aluvión de emociones que jamás te dejaremos olvidar, por más que asegures convencida que no te acuerdas de nada. Sí, claro. No te acuerdas de tus gritos cuando su hermano te cargó para avanzar más rápido a su casa, el "shhhh" más escandaloso de tus labios para pedir silencio, todo el ingenio para caber las tres en la cama, tus náuseas, la increíble decoración que hiciste sobre la almohada (por suerte ella se movió a tiempo). Escribo y me río de tu resaca amiga. Aún recreo en mi mente la sensación de amor imposible que las tres socorríamos con nuestras risas de borrachas. Dulces 23 amiga. La época de nuestros golpes y hondas caídas.



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