26 febrero 2009

N é m e s i s

Reconozco que me parecía ridícula, incluso miserable; y de alguna forma la detestaba, pienso que la llegué a odiar por las poses que asumía para confirmarse ella misma que era toda una estrella, una artista cabal, rabiosa de la poesía, la música y la pintura, no digo del baile porque jamás la vi bailar. Era la mujer perfecta.



- No hay definición, aún se está deliberando a los finalistas del concurso

- ¿Pero no se supone que han tenido una semana para decidir? Qué ganas de joderle a uno el fin de semana.

- Paciencia compare, dos horas más y ya podemos retirarnos.

- Ta su mare, tanta huevada para unas cojudas que no tienen montalván.

- Ve, si dicen que son lo mejorcito de la culturosa ciudad.

- Se la llevan fácil, escriben cualquier cosa y ya está, poeta. Ya no hay poemas como los de antes: que del cielo cayó una rosa y se la recogieron unas mamitas, o algo así.

- Qué hablas oe, haber léete los 600 poemarios, totalmente distintos eh, y decide cuál va a ganar.

- ¿Estás rayado?, qué me voy a soplar todas esas huev..., ehem, ahí viene la Presidenta.



Si fumaba o bebía mucho era de esperarse, por lo menos un defecto debía poseer aquella mujer perfecta, para abarcar, completísima, la frase : Nadie es perfecto. Pocas veces revisé sus textos, no podía leer sus poemas sin imaginarla en su clase de idioma extranjero redescubriendo la nueva conjugación de verbos y la omnipotencia del yo soy, tu eres, ella es. Simplemente, la forajida del infierno no iba con mis gustos exquisitos de la prosa y el verso universal; a mi parecer le reventaban cohetes porque vociferaba que le gustaba la magia negra y succionar la sangre de cuellos masculinos. ¿Acaso yo estaba loca? La loca era esa tipa y todos aquellos precursores de la crítica forística que se desvivían por coronarla como la poeta maldita de la lírica contemporánea, ¿lo dije bien? ¿Se entiende que era un talento inexplorado para muchos que no habían leído a Baudelaire o Vallejo ?



- Señores les voy a pedir que guarden silencio y la compostura debida. Hasta la mesa del jurado se oyen sus palabrotas.

- Disculpe señora, no volverá a pasar.

- Ustedes deben dejar de conversar y dedicarse a servir a los invitados, ¡hagan su trabajo!

- Disculpe señora, estábamos hablando de fútbol.

- ¿Fútbol? ¿En esta gala de premiación para la poetisa del año? Después dicen que la ignorancia es por falta de oportunidades. Ya quisieran muchos presenciar esto, ustedes son unos pocos privilegiados.

- Sí señora, estamos contentos de estar aquí.

- Bien, los estaré observando desde el Jurado.


Definitivamente me daba escalofrío, no sus metáforas ni sus alucinaciones de marihuana barata, no; me daba escalofrío pensar que eso pudiera ser publicado por alguna editorial importante, qué sórdidos versos aniquilarían en vano tantos árboles para sus papeles manchados de oscura inspiración. Tal vez no sea muy justa, pero el verdadero arte es así. Dirían que sólo la envidio, o que estoy celosa de su fama. Repito que no, que estoy orgullosa de lo que he logrado, de mis publicaciones a medias y mis recitales, tampoco he tenido mayores problemas para conseguir empleo en uno de los periódicos más importantes de la ciudad, y si ella publicara no dudaría en solicitar la columna de crítica literaria para dejar muy claro que no es cosa de otro mundo lo que desborda en sus escritos.

- Allí están, esperando el resultado final.

- Quedaron pocas.

- De las 50 allí paradas cuál crees que gane.

-La más fea.

-¿Porqué?

- En estas vainas la más fea siempre gana, ¿no?



La detallé así, frente a los otros, para que tengan una visión distinta a la del resto, probablemente nadie le haya dedicado tantos minutos a esa flor venenosa como yo en la sesión anterior. Y porqué digo todo esto, porque sé que están pensando publicarla, me han comentado de sesiones fotográficas en el puente de Barranco, en Quilca y demás, es una de las finalistas favoritas para ganar. No quise imponer mi opinión, sólo es un caso neta y puramente literario, hay muchos otros talentos que merecen rescatarse. Las discusiones que he tenido como Presidenta del Jurado ante el resto de colegas escritores me han creado desavenencias que finalmente no destruirían esa línea de pura amistad que hemos conservado en años, y entiendo por ello que respetan mi opinión, y la de otros, por supuesto, no creerán que soy la única que sostiene el poco valor de una poetisa como ella. Considerando ello, espero que me alcancen el sobre con el resultado final de la mesa verificadora de votos.

- Allí va el sobre compadre.

- Silencio, la ñorsa va a hablar.

Me presento como Presidenta del Jurado y declaro a la ganadora del Premio Conciliabulum Editores, Poetisa del año según los críticos más selectos de todos los medios. Leo sonriente y felicito a la ganadora que es la mejor, y está por sobre ella que seguro ha girado su rostro para llorar. Es un honor ver la realización de otras chicas talentosas que sólo necesitan el impulso para triunfar.

- Compare, ya alista todo para ir limpiando. Recoge las copas vacías.

Sí, la veo sufrir, está cubierta por un montón de abrazos incrédulos, ya no es perfecta, esta noche es la perdedora del año, quedó en cuarto lugar. Es inapropiado pensarlo, pero en el fondo me encanta su rostro sufriente. Así debe ser la historia de mi enemiga, una mirada de odio no me conformó, ahora sí estoy satisfecha con la vida.

- Oe, he visto a la ñorsa meterse al auto del tío canoso, más regalona.

- Su marido seguro, quién aguantaría a la ñorsa.

- No es su marido, yo conozco al tío pe de otros banquetes. Este pata me parecía de la otra mesa.

- ¿Cuál mesa?

- Esa pe, donde contaron los votos.

- Esa tía se las sabe todas, estará más aguantada. Pendeja, que si supiera su marido.

- Ya deja de hablar y apúrate para irnos más temprano.

::::::::::::VERBUM SAPIENTI::::::::::::::::::::

::::::ORBIS TEXTUS::::::