30 marzo 2009

Vibranto

Siempre he tenido la certeza de que los hombres amantes de la buena música tienen la infinita habilidad de conquistar a una mujer, cualquiera, hasta la más imposible. Esta idea formaba parte de la sabiduría popular y desde niño he leído muchas historias y chistes gráficos sobre aquello que la música podía amansar a las fieras.

Con ello queda claro que la capacidad de conocer buena música mejora al amante, a tal punto que el gusto es el arma y las municiones, todas aquellas interpretaciones en voces e instrumentos geniales. El más selecto y variado gusto por la música construye el artefacto más sofisticado para cazar amores; sólo está la circunstancia, ella pregunta, o simplemente pide que compartas tu audífono y allí la sorpresa, y sus labios extendidos "¡Que buena!", "A mí también me gusta", un experto narrará el proceso creativo de aquella canción, aprendido o inventado; el imbécil dirá un simple "qué bacán, tengo más canciones".


Me confieso un experto, antes era un lector apasionado, los románticos eran mi fuerte, pero no lo decía; amaba por sobre todas las cosas a la diosa fantástica de la Poesía, hasta que descubrí la música, la sensación de poder cuando volaba con ella drogaba mis pensamientos . A través de los años aprendí a manejar las cuerdas emocionales del resto, sabía cuándo se debía acompañar con alguna nota suave o cuándo abrazar el salto de un buen rock. Muchos amigos quedaban fascinados ante mi magnífica colección de discos. El mundo de la historia musical se hallaba en una gran sala acondicionada como altar a las notas musicales y no había reunión donde no agasajara al resto con sus artistas predilectos en aquel espacio de arte.


La fiera más difícil de domar había llegado. La detecté justo cuando entraba a los ensayos, delgada y silenciosa, con una expresión vacía en la mirada, toda una estatua de hielo. Yo era el encargado de la música en la obra de teatro y le pedí a mi mejor amigo, director de la obra, que me presentara como el genio que era. Percibí que ella no deseaba conocerme, pienso que tenía prejuicios, como todos, sobre los músicos creativos; no quería nada, ni la mínima intención de una relación amical,sólo sonrió cuando supo mi nombre y se retiró a ensayar, no existía, ¿ Qué quería ella? No lo sabía, pero lo descubriría con la música.


En aquella oportunidad no me alisté para la fiesta, luego de la perfomance alcancé a los compañeros del teatro en la casa del director. Llegué cuando empezaba el brindis, el anfitrión hablaba en voz alta :"Un brindis por Oscar, el músico talentoso. Hoy, como en otras ocasiones, nos ha traído lo mejor para escuchar y salud por mí, porque ganaré el premio de la crítica este año", agradecido lo saludé con la cabeza, todos sonreían, incluso ella, sin ganas.


A la hora y media estaba por acabarme una botella de Pisco, la noche fundía las luces de la casa, la oscuridad iba volviéndose contra mis ojos. Algunos minutos después, sentía que no podía vocalizar palabras completas; él, que había dejado a otros a cargo del equipo, me diría cosas que no recordaría luego, tampoco mi memoria ha guardado las palmadas que recibí, probablemente habría conversado con cada uno y no me habían entendido que no estaba para escuchar sus problemas; y por alguna extraplanetaria razón, no me sorprendió verla sentada junto a mí, haciendo un contacto más allá del tercer tipo, seguro aprovecharía mi dejadez para obtener la información que quería. Yo seguía bebiendo con ella que me preguntaba a medias si podía llevarla a su casa.


Fuimos a su casa, nunca imaginé un espacio tan tétrico para una mujer tan bella. Poca luz, imágenes tristes y lúgubres, la luz de la calle iluminaba a duras penas un grupo de cuadros extraños; uno brillaba por sus colores menos oscuros, una réplica de el Paraíso de Tinttoreto; ella complacida de mi buen ojo comenzó a señalar uno por uno los quince cuadros distribuidos a lo largo de su recibidor, turbado sólo recuerdo las últimas que no eran escasas de talento: este magnífico cuadro es La Pesadilla de Henri Fuseli, El Fantasma de las pulgas de Blake, aquí tienes El Aquelarre de Goya, y claro, si hablamos de él no podía faltar este Saturno devorando a sus hijos, parecía una niña mostrando su tarea. La miré con desprecio, nada más detestable que una presumida, una hermosa y fría presumida.


Entramos a su habitación, yo palpaba todos los muebles, buscando algúna maldita caja que pareciera un tocadiscos. Hey dónde pongo la música, mejor traigo mi reproductor con parlantes, lo dejé en el carro. No es necesario, en realidad no tengo equipo, no me gusta la bulla. Mi casa sólo es imágenes y figuras como verás. Pero no dije que iba a poner bulla, sino música, de la buena. No hay música buena. Cómo que no, hay música para todo y para todos, tal vez tus gustos sean poco usuales. No, nada de música por favor. Sus últimas palabras hicieron temblar mis brazos, increíble, ella intentaba acabar con mi deseo de música, ferviente deseo, poderoso, incluso aún más que la promesa sexual de sus besos. Espera, qué tipo de música te gusta, es decir, si quieres ponemos el Lacrymosa de Mozart, qué especial sonaría recorriendo los cuadros de la casa. ¿Es tan importante? Bueno, luego del encuentro siempre oigo algo de música. ¡Odio la música!. ¿Qué? Eso es imposible, y cómo actúas en el teatro. ¡Con algodón en los oídos! Mentirosa, bromeas, no?, ya traigo mi reproductor. Lárgate no soporto esas cosas, creí que podría intentarlo contigo, ¡vete! ¡Te boto maldito! Estoy seguro que no hice nada extraño, me disponía a salir y ella comenzó a lanzarme cosas que me dolían cada vez más, el peso y la solidez aumentaban con sus gritos y su ira. Calmarla era imposible, era peor que matarla, me refugié en mi auto y salí corriendo.

Mi amigo el director no comprendía tampoco. En realidad la contraté sólo para la escena de muerte trágica, ella implementa unos efectos especiales, deberías ver su videos, sangrientos al máximo. Es loca, es loca, le falta un tornillo, ponerse así sólo porque yo quería escuchar música, yo quería aderezar el encuentro, llegar a su alma. Sí y luego para que se obsesionen o te busquen a la salida de los ensayos. Qué bueno que no la enganché. Sí ya era hora que una más te choteara. ¿Cómo una más? nada, la otra era una tía casada, en la vida. Oye si ella odia la música ¿cómo se llama a eso?, yo amo la música y soy melómano. No sé, ya encontraremos algún nombre, hoy es la presentación y tengo que buscar otra flaca en los efectos; no es una profesional, renunciar porque no se lleva bien con el músico creativo. Bah, locas.

5 comentarios:

Goz dijo...
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Goz dijo...
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Goz dijo...
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Insana dijo...

jajaja. Bueno Esquizo, por ya sabes, Esquizotípica, Existencialista porque esa es mi corriente filosófica (Sartre lo máximo), Socialistoide porque soy Socialista sin esperanzas en la humanidad, por ello socialistoide :-/... No soy buena influencia eh, en fin, ya nos seguimos leyendo y oyendo a través de la música :-)

Goz dijo...
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