11 octubre 2009

Empatados



- ¡Imposible! ¿Con otro?
- Sí, me engañaba con el bestia de su jefe.
- Maldita pendeja, pero ¿ella?
- Sí pues, no la juzgo eh, pero bien rata, todo este tiempo la pendeja salía con ese.
- Cómo que "no la juzgo" cojudo
- No me imites, tarado; bueno, es que no te he contado toda la historia.
- Ajá, seguro hay más carnecita. Cuéntale a tu cuate del alma
- Está bien, pero pidamos otra gaseosa, estoy con la resaca.
- Resaca? Pendejo cuenta

Es un poco complicado, así que no hagas muecas mientras me escuchas. Está bien, pero si no empiezas a contar te reviento en one. Bueno, ya te voy contando.

¿Y? ¿Y qué? Que traigan las gaseosas pues. Carajo cuenta o me voy y te mueres con tu historia atragantada en la garganta. Está bien, pero no te desesperes, porque tampoco es una gran historia. Oye te voy a tirar la botella en la cabeza, ¡empieza mierda! Está bien, está bien, tranquilo.

Empiezo, ayer salí tarde de mi trabajo, como sabrás estamos en época de inventario, habíamos hecho planes para ir a bailar con la susodicha, y me llama para decirme que no podemos vernos porque está cansada la pendeja, y yo todo estúpido le digo ya cariñito, estoy saliendo tarde de mi trabajo, si estás muy cansada mañana nos vemos, ella me dice que por la tarde sería mejor, tenía que entregar un encargo a su prima o algo así. Encargo, ja seguro y en vez de entregar el encargo se entregó ella, jajaja. No interrumpas pues, imbécil. Sigue contando, disculpa. Iba guardando las cajas hasta que vi un mensaje en mi celular, qué haciendo, de Camila, le respondo que estoy saliendo de mi chamba y que cómo estaba, ella me dice que aburrida y obviamente, si ella estaba aburrida y yo sí quería salir, la ecuación no necesita ninguna variable más. Quedamos en encontrarnos por allí cerca, en el bar de la avenida.

Todo estaba normal, porque si bien tuvimos algo hace tiempo, cada cuál andaba con su respectiva pareja. Sin mentirte, la vi riquísima, me excitaba la cojuda con su minifalda y sus botas, para qué negar que es muy atractiva cuando se lo propone. O cuando está borracha. Que te calles mierda, me desconcentra tu comentario. Oye pero si no puedo comentar entonces mejor no me cuentes pues, ¿porqué no puedo comentar? La flaca era borracha ¿no? Sí, pero ya estamos hablando de eso y estoy dejando de contar mi historia por tu comentario. Sigue.

La vi guapa, y me reprimí los halagos que hubieran salido, no quería dar pie a nada más. Era un encuentro de amigos al fin y al cabo, que no se veían meses. Sí, amigos. Sí pues, amigos, no te extrañe que muchos ex pueden ser los mejores amigos. ¿Salvo cuando se emborrachan no? Sigamos, me habló de su trabajo, de su esposo, de su casota y de los problemas que aún tenía con sus padres, no madura, con los mismos problemas desde que la conozco.

En realidad, conversamos de todo, siempre hablamos lo mismo, de la física cuántica, de Einstein y de los cantantes que le gustaban . Nos pedimos el clásico, ¡qué bien prepara la res de Pisco esa mujer! Le echa el punto exacto de limón, jarabe y hielo, pero tomamos la mitad no más, porque cerraban el local. Aguanta allí, a qué hora se encontraron. Plan de nueve y media de la noche. ¿Y a qué hora cerraban el local? Dos de la mañana. Estuvieron largo rato hablando de Einstein no? ¿No pasó más? Espera, estoy casi por la mitad de la historia. Bah, tú deberías ser escritor, porque cuentas con una paciencia las cosas, no puedes decir si te la tiraste o no de una buena vez. ¿Ya ves carajo? Para qué eres mi amigo, no sólo quiero contar los hechos, sino lo que sentía en ese momento. Pero no necesitas contar más, la querías tirar y te la tiraste y aún sigues templado de ella porque te dejó por el esposo que ahora tiene, no? Qué más vas a decir que no me lo hayas dicho y negado después. Jajaja, sí pues, siempre te he contado que siento algo fuerte por ella, y luego que ya se me pasó, pero cuando la volví a ver no sabes lo que sentía, me parecía la mujer más linda de la tierra, sobre actuada y todo a mí me encanta verla interpretar su papel de chica profesional e inteligente, viviendo la vida de una adolescente irresponsable. Me encanta verla, es como un cuadro que podría ver todo el día en una galería.

Habla, ¿pasó algo más que una conversación de amigos de años? Bueno sí. ¡¿Sí?! ¡No puede ser! Claro, ¿eso no querías escuchar?. No pues, dime la verdad no lo que quiero escuchar. Que sí, mierda; del bar nos fuimos cerca a su casa donde tiene una amiga dueña de otro bar caleta, y pedimos cerveza, y lo mezclamos con lo que nos había quedado de Pisco. Nos besamos y bueno, salimos a buscar cobijo por allí. Te la tiraste a la flaca, a tu ex, ¿tú? ¿Estando con enamorada? Pucha, no me juzgues. No te juzgo, estoy sorprendido, creí que nunca te atreverías a serle infiel a ... la pendeja; por eso buscaste estar con ella, ya sabías que tu flaca se estaba viendo con su jefe a escondidas. Nada, no sabía nada. Encima no lo hiciste por vengarte. Carajo, otra vez esa cara de juez. Es de sorpresa, hermano. Tampoco fue la gran cosa, estábamos demasiado borrachos. Seguramente, y ella qué te dijo, porqué aceptó. Al principio me dijo que no, que vamos a malograr la amistad y ese floro barato que dicen para no asumir la responsabilidad, porque ella terminó culpándome por haber trastocado la amistad, como si tener sexo dependiera de uno.

No quiso hablar del tema y nos despedimos, ella estaba avergonzada imagino, porque no me respondió cuando dije que la quería. Es que no te quiere, simple. No es así, claro, yo la sigo queriendo, ella me quiere menos, pero no significa que no me quiera. Ya, no lograste amarrarla de nuevo. Caminé para pensar un rato, estaba bloqueado, me acordé de mi flaca, la quería llamar porque me sentía perro, la peor basura, uno de esos patanes que aprovechan el descuido de su flaca cansada para salir con otra; en ese momento, levanto la cabeza para cruzar la avenida y la veo a la pendeja, saliendo de una pocilga abrazada a ese cabrón de su jefe, casi me atropella un carro, crucé como loco, dispuesto a matarlos a los dos, sobre todo a ella, por pendeja. Y justo cuando ambos me vieron y ella se quedó tieza, me detuve, sorprendido, bloqueado, maldición, estaba con toda la resaca encima. ¿Y sabes lo que le dije? ¿Cómo decir, no les ibas a pegar? Quería, lo iba a hacer, ya estaba levantando los brazos, pero me quedé paralizado y con toda la furia de mi cuerpo sólo pude soltar: "Perra pendeja... quedamos empatados"; luego, me dí media vuelta y caminé cuadras y cuadras, hasta llegar a tu casa.

-¡Qué imbécil!
- Sí, eso mismo pienso yo.
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