25 noviembre 2009

Amor a oscuras

"Tiempo de amor
amor a oscuras
que tan solo un cigarrillo
de vez en cuando
alumbra
ese amor que vive en
penumbra"


Era Kriptonita quien, obstinado, me timbraba el celular. No había tomado en cuenta lo poco decente que era llamar a una señorita stressada y muerta de cansancio a las cuatro de la mañana, pero insiste y contesto en la nube que flota frente a mis ojos. ¿Aló? Hola Superchica, ¿podemos vernos? ¿Cómo? Kriptonita, ya déjate de estar buscando horarios imposibles, son las cuatro de la mañana y estoy jateando, llámame más tarde. ¿Sí? Estás segura de que no quieres nada ahora. Segurísima, me pelo de sueño. Está bien mi superniña, más tarde te llamo. Está bien, llámame más tarde. Nunca llamó.

Mientras tomaba el desayuno me preguntaba si a esas horas la había dejado en su casa, luego de algún concierto, recital o pollada bailable. Estaba ofendida por las últimas veces que intentó citarme a solas, pasadas las 11 de la noche o muy de madrugada, pero no en un horario en que ella estaba despierta, claro que no. Sospecho que él sospecha que ella sospecha de mí, pero qué podría sospechar si yo he rechazado siempre todas las propuestas sospechosas que me hacía, bueno, casi todas.

Todos almorzábamos juntos en el trabajo, apenas trago la comida, soprendida por las revelaciones que estaba haciendo este hombre de aparente debilidad física y magra concepción del amor.

- Amar es compartir.
- Pero y si la ama.
- Igual, la comparto.
- ¿Qué?
- Bah, si es casada, conviviente, soltera, viuda, ¡no importa! no soy celoso. Ella tampoco debería serlo. Allí empiezan los problemas, cuando ellas se creen con derechos, que a dónde vas, que porqué demoras...
- Pero don Juan, ¿Usted nunca se ha enamorado, verdad?
- Uno puede enamorarse de varias, mi querida Beatrix, en mi corazón hay espacio pa' todas.

Las risas se confundieron en todas la mesas del restaurant, y quizá los transeúntes de la calle también sonrieron ante el relajado comentario, con acento selvático, de este delgado señor.

Cambio de canal y veo el set de un programa matutino, un tipo habla pausadamente, en medio de mujeres exaltadas.

- Pero una tampoco va a hacer el papel de tonta doctor.

- Es que es una cuestión bien simple, hay que diferenciar dos cosas, o estamos frente a un acto de infidelidad o estamos frente a una escena de celos.
- Pero los celos nos guían con indicios a confirmar ese acto de infidelidad.

- Repito, diferenciemos entre un hecho de infidelidad y un hecho de celos, porque si se da que la persona está con otra aparte de tí, simplemente la solución ya saben cuál es, finalizar. Pero si se está frente a un acto de celos, que yo supongo que porque no contestas el teléfono, que porque has llegado tarde, hay otra persona. La mujer o el hombre, cual fuera el caso, supone, presume, sospecha, que hay infidelidad, pero los celos sólo son eso, una sensación que muchas veces crea peleas antes de conocer el verdadero hecho, y hace caer en el error. Aquéllas personas que no pueden confiar nunca van a ser felices, los celos siempre llevan a culminar una relación.

- Mira Beatrix, allá en mi pueblo un hombre puede estar con varias mujeres porque debemos poblar nuestros territorios.
- Es una excusa ridícula, cuando se enamore lo verá.
- Te puedes enamorar mil, dos mil veces, pero ¿porqué vas a celar?, es ridículo, uno nace libre.
- Ah no, yo no puedo hacer eso, si tengo la más mínima sospecha, si me da motivos, lo dejo, no estoy para aguantar que toque otras mujeres y luego quiera tocarme a mí.
- Es que es peor; recuerda, las mujeres celosas perfeccionan a los hombres, la próxima la hacen mejor. O tú crees que celando estás bien? Tu novio ya sabe qué esconder y cómo hacerlo.

Silencio en mis argumentos, me había quedado sin palabras.

- ¿Ves?
- Bueno, parece que.. ahora que lo pienso, es verdad; es más, cuando reviso su teléfono, ya ha borrado mensajes que no son míos, o registros de llamadas del día. Pero él es tranquilo.
- Tranquilo- ríe sarcástico- sólo se cuida más.
- Qué malo, cómo me siembra la cizaña
- Es inútil, debes vivir y dejar vivir.
- Me niego a aceptarlo.


El vino estaba a punto de acabarse, yo observo la última pitada que le da al cigarro; finalmente, mi amigo se ha vuelto eso que tanto odia: un bohemio posero. Las mujeres han recibido una educación represiva durante siglos, les han metido la idea de la virginidad, del matrimonio y esas huevadas. Pero igual flaco, eso no explica para nada la infidelidad, tú buscas justificarla nada más. Te estoy diciendo pes flaca, que el estado natural es la poligamia. Intenta un ejercicio en tu cerebro, imagina a una mujer que no ha recibido toda la carga cultural de la monogamia, y se encuentra sola en una isla, suéltale tres hombres no más...tú crees que al mes no se va acostar con esos tres y a la vez? Y porqué supones que sí lo va a hacer, si básicamente todo es hormonal y cuando la mujer no quiere no quiere pes, por ver tres hombres en una isla solitaria no se va a volver ninfómana a la mañana siguiente; si le gusta el chico, bien; si no, no atraca ni por 10 barcos que la saquen de allí; si se enamora, marca su territorio y nadie más posee su objeto sexual, así pasa también en los hombres.

Bebe sobresaltado. No, tú estás mal, no entiendes, como no hay nadie que la señale y le diga: qué haces con tres hombres, enferma, ninfómana, como le llamaste, ella se va a sentir libre y normal atraca con los patas. Oye flaco, tu sustento es ilógico, porque hace tiempo los seres humanos hemos dejado de ser tan neanderthales, la animalidad se ha reducido, te diré. Ya, sigue en tu mundo de hombres y mujeres fieles.

Nueva mañana, con esa conocida sensación de náusea que me provoca la cerveza barata. Extiendo mis brazos sobre la cama, y giro sobre mi cuerpo, el espectáculo de su belleza me admira, su cabello sobre la almohada, su cuerpo terso, vuelve su cabeza y me da el buenos días.

Al verlo, como hace dos años, observo cada milímetro de su cuerpo, su piel ya no es perfecta desde aquella cicatriz, marca de una emergencia que casi lo mata. Pero aún así, con el sabor desdichado de una traición mutua, me despido triste, porque sé que ya no habrá una mañana más, abrazada a su piel de ángel. La decisión final, de no estropearnos la vida, reluce tácita en nuestro último beso. Cada cuál se viste sin decir nada.

Las preguntas quedan, mientras empieza el duro trabajo de rechazar propuestas deshonestas. Desde aquella madrugada, le digo no a kriptonita, si nos volvemos a encontrar caeremos en ese ciclo vicioso de a ver hasta dónde me quieres. Amores prohibidos: váyanse al carajo.

::::::::::::VERBUM SAPIENTI::::::::::::::::::::

::::::ORBIS TEXTUS::::::