15 abril 2011

Versos sin tiempo

Hoy, 15 de Abril, recordándote amado poeta, con mis versos favoritos, recordándote como si fuera ayer el día en que mi padre me leyó los dados eternos y  juré que me lo aprendería para siempre.


César Vallejo no ha muerto, está aquí conmigo, con nosotros...


Nómina de huesos
Se pedía a grandes voces:
-Que muestre las dos manos a la vez.
Y esto no fue posible.
-Que, mientras llora, le tomen la medida de sus pasos.
Y esto no fue posible.
-Que piense un pensamiento idéntico, en el tiempo en que un cero
permanece inútil.
Y esto no fue posible.
-Que haga una locura.
Y esto no fue posible.
-Que entre él y otro hombre semejante a él, se interponga una
muchedumbre de hombres como él.
Y esto no fue posible.
-Que le comparen consigo mismo.
Y esto no fue posible.
-Que le llamen, en fin, por su nombre.
Y esto no fue posible.

Los heraldos negros

Hay golpes en la vida, tan fuertes... Yo no sé!
Golpes como del odio de Dios; como si ante ellos,
la resaca de todo lo sufrido
se empozara en el alma... Yo no sé!
Son pocos; pero son... Abren zanjas oscuras
en el rostro más fiero y en el lomo más fuerte.
Serán tal vez los potros de bárbaros atilas;
o los heraldos negros que nos manda la Muerte.
Son las caídas hondas de los Cristos del alma
de alguna fe adorable que el Destino blasfema.
Esos golpes sangrientos son las crepitaciones
de algún pan que en la puerta del horno se nos quema.
Y el hombre... Pobre... pobre! Vuelve los ojos, como
cuando por sobre el hombro nos llama una palmada;
vuelve los ojos locos, y todo lo vivido
se empoza, como charco de culpa, en la mirada.
Hay golpes en la vida, tan fuertes... Yo no sé!

Espergesia

Yo nací un día
que Dios estuvo enfermo.
Todos saben que vivo,
que soy malo; y no saben
del diciembre de este enero.
Pues yo nací un día
que Dios estuvo enfermo.
Hay un vacío
en mi aire metafísico
que nadie ha de palpar:
el claustro de un silencio
que habló a flor de fuego.
Yo nací un día
que Dios estuvo enfermo.
Hermano, escucha, escucha...
Bueno. Y que no me vaya
sin llevar diciembres,
sin dejar eneros.
Pues yo nací un día
que Dios estuvo enfermo.
Todos saben que vivo,
que mastico... Y no saben
por qué en mi verso chirrían,
oscuro sinsabor de féretro,
luyidos vientos
desenroscados de la Esfinge
preguntona del Desierto.
Todos saben... Y no saben
que la Luz es tísica,
y la Sombra gorda...
Y no saben que el Misterio sintetiza...
que él es la joroba
musical y triste que a distancia denuncia
el paso meridiano de las lindes a las Lindes.
Yo nací un día
que Dios estuvo enfermo,
grave.

"LOS DADOS ETERNOS"
Para Manuel Gonzales Prada, esta
emoción bravía y selecta, una de las
que, con más entusiasmo, me ha aplaudido el gran maestro.

 
Dios mío, estoy llorando el sér que vivo;
me pesa haber tomádote tu pan;
pero este pobre barro pensativo
no es costra fermentada en tu costado:
¡tú no tienes Marías que se van!


Dios mío, si tú hubieras sido hombre,
hoy supieras ser Dios;
pero tú, que estuviste siempre bien,
no sientes nada de tu creación.
¡Y el hombre sí te sufre: el Dios es él!

Hoy que en mis ojos brujos hay candelas,
como en un condenado,
Dios mío, prenderás todas tus velas,
y jugaremos con el viejo dado.
Tal vez ¡oh jugador! al dar la suerte
del universo todo,
surgirán las ojeras de la Muerte,
como dos ases fúnebres de lodo.
Dios míos, y esta noche sorda, obscura,
ya no podrás jugar, porque la Tierra
es un dado roído y ya redondo
a fuerza de rodar a la aventura,
que no puede parar sino en un hueco,
en el hueco de inmensa sepultura.


El poeta a su amada
               Amada, en esta noche tú te has crucificado
sobre los dos maderos curvados de mi beso;
y tu pena me ha dicho que Jesús ha llorado,
y que hay un viernesanto más dulce que ese beso.

En esta noche rara que tanto me has mirado,
la Muerte ha estado alegre y ha cantado en su hueso.
En esta noche de setiembre se ha oficiado
mi segunda caída y el más humano beso.

Amada, moriremos los dos juntos, muy juntos;
se irá secando a pausas nuestra excelsa amargura;
y habrán tocado a sombra nuestros labios difuntos.

Y ya no habrán reproches en tus ojos benditos;
ni volveré a ofenderte. Y en una sepultura
 



05 abril 2011

Primus Ceps


"Ni una inteligencia sublime, ni una gran imaginación, ni las dos cosas juntas forman el genio. 
Amor, amor, eso es el alma del genio"
W.A.M .

Hermosa Primus Ceps,  indaga con sus yemas la suavidad de una manta recién alisada para ella, revela en su mirada una suerte de asombro, aparentando una emoción desbordada, irreprimible, dejando escapar apenas un chillido de ave  emocionada. 

Algo indescriptible es dejado por una mano del tamaño de su cabeza, mira detenidamente, esperando descubrir si aquél objeto tiene vida propia o si tiene la cualidad mágica de mostrar medias lunas, como aquellos gigantes que la elevan en brazos. Presume que ese nuevo sonido forma parte de un lenguaje que pronto aprenderá, no está preparada más que para entender sentimientos, y sólo sabe que esas medias lunas que se dibujan entre ellos significan alegría. 

No comprende el porqué de ese no-movimiento , impulsa sus manos y logra hacer que se vaya lejos, se contenta, maravillada por aquella fuerza que se opone a través del aire, la resistencia descubierta a sus cinco meses de nacida no está definida en su cerebro pero la experiencia hace una marca eterna.

El objeto lanzado empieza a funcionar y retumba las paredes con la más espléndida alineación del sonido; inmediatamente, la música de un genio dibuja medias lunas de satisfacción entre los gigantes. Mozart nunca imaginó que la hermosa Primus Ceps lo amaría a través de su imperecedera creación: la Sinfonía Nº 40.




::::::::::::VERBUM SAPIENTI::::::::::::::::::::

::::::ORBIS TEXTUS::::::