22 junio 2011

El mejor padre del mundo

Si con un abrazo pudiera curarte, si con decir te amo (te amamos) pudiera desaparecer tus aflicciones, si con cantarte "Todos vuelven" pudiera darte más fuerzas, lo haría, lo haría millones de veces más de las que te imaginas.

Lo haría porque eres mi vida, y eres mis mejores recuerdos, eres mi protección, mi apoyo, mi consuelo, eres el mejor padre del mundo.

21 junio 2011

El comienzo después del fin


Non, rien de rien.
Non, je ne regrette rien.
Car ma vie, car mes joies
Aujourd'hui, ça commence avec toi!

(No, nada de nada. No, no lamento nada.
Porque mi vida, mis alegrías
Hoy, todo eso comienza contigo!)


La luz de una tarde calurosa se aproxima entre los portones grandes de esa tienda improvisada de libros, tradicional, surtida, pero con su perenne aspecto de repentina feria en una playa de estacionamiento. El tipo de cabello largo, muy habitual por esos lares, con su polo negro estampado de algún grupo satánico, me pregunta: "Tú eres María José", por inercia sujeto con más fuerza mi mochila, mirándolo espantada de su aspecto, y sorprendida también por aquellos nombres tan bíblicos salidos de su boca luzbeliana, "No, para nada" alcanzo a decir "soy Asae" y sigo caminando a través de una de las dos puertas de madera.



Señora, por favor, colabore y deje de gritar. Doctor le juro que hago todo el esfuerzo, pero es algo que no puedo evitar. Cuando venga el dolor, abra la boca y bote todo el aire.



Lo veo por fin, una camisa clara, sonrisa de puntual que espera hace diez minutos, con el cabello ondulado y unos ojos extraños. Nos sentamos frente a frente para iniciar la conversación más posera del mundo; recuerdo que nos esmeramos en resaltar a nuestros autores favoritos y sus frases rimbombantes, nuestros exquisitos gustos musicales, algunos admirados científicos, tal vez mencionamos algo de la teoría del caos y los agujeros negros, o hablamos de la metafísica Aristotélica, del psicoanálisis, y el universo autocontenido, pierdo la imagen, pero puedo afirmar que me dejó impresionada con su sentido del humor y su vocabulario informal, igual al mío.



¿Estoy por dar a luz doctor? No señora, falta bastante. Cuánto voy. Cuatro recién. Carajo, porqué duele tanto si ni siquiera estoy por la mitad.


Era mi época de exploración interior, donde bastaron algunos días en la Biblioteca Nacional para enterarme que mi Tánatos destruía lo poco que quedaba de mí, me habrían marcado las palabras de Matilde Caplanski, Maestre y otros neofreudianos: Cuando el Eros sale de tu camino, el Tánatos reina omnipotente sobre tí y te eliminas; detecté mi conducta suicidaria y me dije: ¡No! Absorta con mis teorías le advertí en una ocasión, que no quería verlo a los ojos mientras le proponía lo impensable, la noche ocultaba mi turbación, y tal vez fue más fácil, pegamos espalda con espalda y cada uno miraba puntos contrarios, le expliqué que al igual que él yo también salía de una relación especial, había terminado con un miserable truhán, al que amaba inexorablemente, que tener lejos al amor era lo más terrible y según la teoría neofreudiana debía encontrar un nuevo referente, un referente objetal creo que expliqué; claro, los doctos indicaban obras de caridad, ejercicios y mascotas como canal, vía de escape, en fin. Yo alegué, freudianamente, que un clavo saca otro clavo, y él no dijo nada. Lo pensó tres días; luego nos veríamos en el tradicional parque de Lima donde su beso me indicó que había aceptado finalmente esa estúpida, ridícula y fabulosa propuesta.

La paciente está vomitando, indica dolor de cabeza, pérdida de líquido desde las ocho de la mañana, se desarrolla una infección. No grite señora. Pero me duele. A ver revisémosla. La doctora ya la revisó. Pero la señora se queja más seguido. Hay que revisar siempre.

No funcionó, obviamente, porque yo seguía muriendo de amor por el truhán, y él, por la mujer de su vida, la madre de su primera hija. Eran mis días universitarios compartidos con su grupo literario, él comandaba el círculo de escritores paganos y nadie en el grupo de amigos sabía sobre lo que ahora podríamos llamar "lo nuestro". Y efectivamente, yo me sentía superior porque conocía más de él, tenía la primicia de sus debilidades, sus problemas, su pobreza. Era una nueva sensación de poder que me invadía, el poder de la verdad. Ese actor que engañaba a multitudes estaba desnudo y sin armas frente a mí; todos los espectadores tenían la imagen que él quería proyectar: profesional, de clase media, culto, reservado y soltero buen amante; pero yo sabía de sus artilugios, de su carrera falsa, su entorno fabricado, su libertad impostada.

Llevémosla a la sala de parto, corre a traer la otra camilla. Señora con quién ha venido. Con mi papá. El papá de su bebe. No mi papá, el abuelo de mi bebe. Y dónde está el papá, deben comprar algunas cosas para el parto. Mi papá está esperando en la puerta doctora.

Meses después, todos sabrían que el dinero recabado en el grupo literario no había sido utilizado para lo pactado. Supuse el gran final de su obra, su miseria había disminuído su moral y el círculo se disolvió cuando fue descubierto, cuando se develó su ruindad y la traición a quienes apostaron por él, por el grupo, me alcanzó la decepción porque lejos de reconocer su falta se empeñó en seguir el teatro de autosuficiencia y frescura, dejando que unas pocas monedas arruinaran amistades valiosas. Vendrían cartas insultando y un golpe que ineluctablemente me di el gusto de darle.

Estoy pujando doctora, le juro que estoy pujando. Una vez más, pero hasta el final, con todo el esfuerzo, porque sino tu hija se queda allí en el medio. No, ahora voy con fuerza, con fuerza. Ya salió la cabecita, si te quedas allí le harás daño a la bebe. No doctora, allí voy otra vez. Ya salió. Mi bebé ya nació. Llora fuerte. Ahora sí, siento que lo puedo todo.

Mientras tanto, me dediqué a encontrar una nueva forma de entretenerme, siempre sentí que la furia de Tánatos debía canalizarse de algún modo, entonces inauguré el más completo desprecio del amor, sabiendo que con ello lo atraería más, y no me equivocaba al descubrir que nacerían sentimientos en quienes menos imaginé, en magnitudes que escapaban de mi control; sin embargo, esa furia contenida seguía incólume, inamovible, ningún otro acto de traición pudo reemplazar esa energía justiciera que deseaba volcarse vengativa sobre él, el actor del gran teatro del mundo. Viví odiándolo un par de meses, hasta que nuevamente apareció eros.

Señora, no vaya a bajar su brazo que su bebita necesita mamar. Tampoco se mueva mucho porque la estoy cosiendo. Pero no tengo leche doctora. Cómo no va a tener, todas las mamás tienen. ¿No ve? Allí está su hija bien prendida de usted. Oh, con que tú eras la que me arañaba la barriga ¿no?

Si mi vida se convirtió en una constante lucha por obtener el eros a cualquier precio, debo decir que dentro de todo me benefició, porque no pasó un momento en que me hallara sola, cual carnada para la muerte suicidaria, no, ya no pasaba eso. Resultaba que obtenía el eros cuando quería, y era muy fácil, siempre he pensado que obtener a álguien que te ame es lo más fácil de esta vida, pero que tú ames a ese álguien a la vez, es recontra difícil, muy difícil. Pero no me importaba, siempre he preferído ser quien menos ama en una relación.

Está tranquila ya, con su hijita. Gracias doctora, disculpe los gritos, qué vergüenza. Así son todas.

Me encontraba sentada frente a una computadora, cuando lo vi en línea y decidí admitirlo en mi mensajero, sorprendido me dijo "¿Tú ? me has admitido en tu messenger?, después de dos años" Y claro, ya eran dos años de la ley de hielo, ya eran dos años de odiarlo y esperar su redención en vano. Lo ví esa tarde, esperando la explicación y tal vez las disculpas, pero lo segundo llegó como un lo hice y qué; fiel a su engreimiento de niño, a su yo no hice algo malo fueron los demás, acaso su mami le acariaciaría sus rulos justificando sus travesuras por la ausencia del padre. Él no se daba cuenta que ya no funcionaba tener desfachatez después de los dieciocho años. Esa misma tarde-noche su voz adquirió un tono extraño cuando me dijo, como confesión sellada durante milenios que quizá, palabra clave, quízá, en esos años, sí se había enamorado de mí. Ofendida dije un escueto: probablemente haya sido mutuo; y seguimos la conversación por otros rumbos con una caminata fría. Llamó mi enamorado de esos años y nos tuvimos que despedir.

¿Y el papá? Qué idiota, cómo un padre puede no querer a una niña tan bonita. Sí pues, pero no soy ni la primera ni la última madre soltera. Bah, eso dicen todas, pero a la hora de responder las preguntas de la bebe ya te quiero ver.

Luego de idas y venidas, siempre yo en una relación estable y él en sus vaivenes de "salgo con una flaca, pero cada uno con su espacio" nos mantendríamos en contacto a través de cafés y conversaciones intrascendentes. Mientras tanto, mi búsqueda del Eros avanzaba a tal punto de anular los "y si tal vez" y aventarme a las probabilidades que el amor brindaba. En algún momento me habría arrepentido sí, porque las amistades ya no vuelven a ser las mismas, mentira que ex amantes pueden seguir siendo los mejores amigos, la propiedad sexual como dice Freud es un territorio jamás anulado en el hombre (mujer) desde la era primitiva. Así que andaba terminando relaciones largas por otras cortas, y cortas por largas, unas me traían paz pero no satisfacción, y las otras me traían plenitud pero no amor. Finalmente, sólo puedo decir que sentí amor sólo dos veces en ese recorrido, y las dos veces no valieron la pena.

Cuando él busque a tu hija. No, eso no va a pasar. Escucha lo que te digo, siempre vuelven, siempre. Eso no va a pasar con él, porque no tiene sentimiento de culpa. Escúchame hija, atentamente, cuando regrese a ver a tu hija, por ella, y sólo por ella, no guardes rencor por lo que has afrontado sola. Eso que me aconseja señora, es imposible.

Concluí que había un Eros mucho más grande de lo que imaginaba, que me esperaba para abrazarme el año en que Mario ganaría el Nóbel. Tuve una vida dentro de mí, la traje al mundo, y disfruté su primera sonrisa. Descubrí que el amor es su boca alimentándose de mi cuerpo, el amor es su mirada contenta al despertar, el amor es ella, la niña perfecta.

He sido el punto fijo de un péndulo pesado, la vida no me ha llevado de un lado a otro, era yo quien balanceaba mi cuerpo en extremos sentimentales para no quedar estancada en la quietud de mi mente. Mi hija me hizo tragar las frases sartreanas que tan ufana repetía. Todo lo que me hubiera perdido sin mi hermosa Primus Ceps.

No, no me arrepiento de nada. Este es el comienzo después del fin, termina esa historia larga y tediosa de dos personas que nunca se quisieron a la vez, y que hoy sólo tienen la obligación de hablarse por cuestiones legales.


::::::::::::VERBUM SAPIENTI::::::::::::::::::::

::::::ORBIS TEXTUS::::::