25 noviembre 2011

Ssatrica

Catharsis: palabra griega que significa purificación



Estaba en el carro, mirando a través de la ventana, ensimismada con los árboles de la avenida, volando en la música de la radio, trayendo a mi mente la imagen de él, que lo sabía siempre todo, que me ordenaba el mundo con sus palabras. Lo veía llamándome en las noches luego de salir a comprar la cena, echándose en su cama, preguntándome si lo había extrañado. Hasta que en un segundo de distracción leí los letreros de las calles y  descubrí que no era por donde tenía que ir. ¡Hey !señor, baja en la esquina. Asustada, de mí, logré bajar antes de que fuera demasiado tarde, me había tomado el bus equivocado.

Mientras tomaba el otro bus que me llevaría por el lado correcto concluí que en algún lugar de mi ser había algo, una parte que sí estaba enamorada de su alma. Pensar en una persona a tal punto de perder la noción de la orientación y el tiempo era una clara señal de amor. 

Clarísima en mí, aquélla noche en que yo me reclinaba sobre una pared del patio, con el tragaluz cuadrado, sin lunas, abierto al cielo oscuro, con pocas estrellas; mirándolas yo te hablaba de mi vida, de todo lo que soñaba, y tú conminándome a salir de donde estaba, a cambiar de aires, a lo que llamabas: surgir. Cómo adoraba toda esa respiración artificial que me salvaba del ahogamiento rutinario. Eras un salvavidas real, de esos que una pide a diosito cuando era niña,  sin quererlo te habías convertido en mi única razón para mantener  mi teléfono celular, responder a tus mensajes provocadores  era darle más letra a esta canción dulce y aniquiladora.

Sin embargo, la vida a veces, suena como un cambio de emisora, las escenas cambian de voz y de actores, y hoy que nos topamos en la misma estación seguimos con los mismos extremos, en ideologías y caminos diferentes, no enfrentados tan intensamente como antes, claro está, porque ya somos otros, y las largas conversaciones de antaño se cortan con un mañana tengo que trabajar, hasta luego. Salvo por esa sensación de adrenalina que recorre mis manos al recordar porqué nos alejamos, te pensaría ideal, ideal para estos momentos en que necesito desintegrarme para volver a ser fuerte, para rearmar mi cabeza y sentir que los problemas han desaparecido y que ya no existe enfermedad, ni muerte que detenga mis pensamientos.



12 noviembre 2011

Fotografías


La memoria no guarda películas, guarda fotografías (M.K.)



¿Porqué maldición existe la tecnología? 
La tecnología sólo le da velocidad a las sinapsis inquietantes, a las más dolorosas, a las que sin admitirlo, gozamos y buscamos. Esta vez, me valí de esta extraordinaria tecnología y digité una extensión, una mera extensión de  una de las herramientas más poderosas que ha inventado el hombre: la fotografía. Escribí el ".jpg" aniquilador en el buscador de mis correos electrónicos y hallé cientos de fotos de aquello que hoy ya no existe.

Te veo alumbrado por la luz del medio día, lleno de triunfos y de regalos, con tu solemne frase "Hoy pídeme que te lleve al sitio más caro de Lima". Era el año 2007, seguía con mi alma proletaria, mi identificación con la pobreza, mi contemplante solidaridad con el dolor humano. ¿El sitio más caro? pensé, y cuál sería el sitio más caro, creerá que soy una chica sin roce social, pero eso exactamente es lo que soy; ¿es importante conocer esos sitios? ¡Qué diría Naomi Klein si se topara con esa pregunta! A lo mejor le daba una patada. Pero ese día yo me había puesto un vestido corto, y mejor excusa no había para tratar de pensarlo al menos. 

Qué restaurant, bar, cevichería, salsódromo puede llamarse el más caro, si yo recordaba con cariño sólo aquéllos lugares donde cobraban el menú a mitad de precio a los estudiantes, mi querido "compartido" que servían a la espalda de la Universidad. Cuántas veces mis amigos me dirían, "hey chata, vamos al Elmer", "El Elmer?" preguntaría cualquier nueva, "Claro pues, a El mercado".

Únicamente me salvó el nombre de un restaurant al que fui citada una vez para un conversatorio literario “Hay un lugar cerca a la Plaza , se llama El Cordano, cocinan muy bien allí (creo)”, él sonrió, pensando qué pobre y ridícula mujer sin mundo, o quizá se confundió por el nombre. “Oh, sí me acuerdo, alguna vez vine con mis amigos de la Universidad, pero es un bar, estás segura que sirven almuerzo?” Asentí muy segura. Y fuimos a servirnos un almuerzo mediocre, que se volvió medianamente memorable por nuestra conversación y sus souvenirs. 

Luego, nos fuimos a ver una película, ¿la recuerdas? Yo no tanto, creo que no llegamos al horario. Pero sí recordamos que me escabullí en los baños del cine para cambiarme de ropa, me puse igual una minifalda con estampados dorados y un polo rojo, a mi criterio más de salida que el vestido celeste. Abriste tus ojos sorprendidos para reirte de otra de mis ocurrencias, en mi bolso de combates siempre cabía todo, todo.

Me dijiste que eligiera de nuevo un lugar y mis costumbres universitarias pudieron más, nos fuimos a la Av. La marina, entramos al restaurant Rústica, con la pantalla grandota de videos de los 80's y sus clásicas luces rojas, cuando de pronto, en medio de la picadera y los besos inevitables me hiciste la pregunta más estúpida que nunca antes creí que tú la harías ¿Porqué terminamos?

Mi risa era incontenible. Pero qué tal fresco, no seas pues, para preguntar algo tan cojudo. ¿Pero dime porqué? ¿Qué tiene de malo mi pregunta? Porque tú tenías enamorada y encima salías con otra que no era yo, imbécil. Las cosas no fueron exactamente así, respondiste. Mejor lo dejamos allí, sentencié. Era el chiste de la noche y de rato en rato me reía por su romántico cinismo. No había más que hacer, la noche era maravillosa, a pesar de los falsos Te extraño y nuestros Te amo mecánicos. Siempre resalté que yo sospechaba sus mentiras, pero exclusivamente esa noche las deseaba escuchar inmensamente. 

El semblante relajado y lleno de felicidad me duró días, así lo decían mis mejores amigas, y así lo corroboran esas fotos que encontré, y que me hacen revivir esa sonrisa de estúpida que aparece siempre en momentos como ese.

Por esa búsqueda inútil en mis correos es que dedico esta entrada a ese día, que ahora lo recuerdo como el día más perfecto.

Canción de fondo:

P.d. Ahí te voy dejando, ya ves que no decía nada de Love? Era “OH! DO YOU COME FROM A LAND DOWN UNDER? (OH YEAH YEAH) "

::::::::::::VERBUM SAPIENTI::::::::::::::::::::

::::::ORBIS TEXTUS::::::