02 septiembre 2012

¿Cuentos para niños o para adultos?

"Los cuentos no están hechos para dormir a los niños, 
sino para despertar a los adultos"
Francois Vallaeys


Es de noche, y las pilas de mi bien amada Primus Ceps todavía no se bajan, se mantiene corriendo por toda la sala, con el pincel levantado, amenazando algunas hojas de papel desperdigadas por el suelo; hasta que, presintiendo que ya voy enmarañándome en el hilo fenomenal de esa TV basura que sólo presenta películas aburridas, me jala de la manga, cambia la mirada, se vuelve angelical, asintiendo, me dice al fin su propuesta: "¿Amatina?".


¿Estás segura que quieres leer "Albertina"? En realidad me lo pregunto a mí, que ya llevo como dos semanas leyéndole el mismo cuento para que se acueste tranquilita entretenida con el relato y los dibujos. "Shi" responde convencida, decidida, imperiosa, dictadora de todo mi corazón, aplastadora de voluntades maternas que antes eran indestructibles.


Recuerdo que lo compré en la feria del libro, si antes me iba sin pensarlo al stand de filosofía o de literatura contemporánea, ahora en esta última edición de la feria no paré de llenarme los ojos con cuanto libro infantil encontrara, y tampoco era una tarea a la que fuera a renunciar teniendo a mi pequeña activista prendida de todos los libros con dibujos de conejos, patos, leones y cuanto color desbordara en sus portadas. Ella había tomado la sede de la Feria y ningún comando de fuerzas especiales la podía despegar de esa torre de libros apilados en la editorial Norma, por más que le ofreciera chocolates, ella quería llevárselos todos.

En el Stand de cuentos infantiles más cómodos, hallé la dura, cruel, despiadada realidad de los cuentos infantiles, todos eran los mismos, los que yo había leído de niña, y ahora que los veía me causaba cierto rechazo, sobretodo por algunas ilustraciones tan impensadas, ¿o lo pensaron así? ¿Pensaron? o aquel dibujante de la Caperucita Roja se imaginó que sería gracioso enseñar la panza del lobo llena de la codiciada carne de la abuelita. En qué dulce momento madre-hija le iba a decir a mi bella y delicada Primus Ceps que esa forma tan protuberante y semi-humana que se dibujaba en el lobo era la abuelita que  estaba allí dentro!

Espantada solté ese cuento, y tomé otro, rechazando el tristísimo cuento de Hansel y Grethel donde los padres abandonan a sus hijos en el bosque. Después de mi búsqueda apurada terminé comprándole Pulgarcito, Albertina, un libro sobre los transportes y otro sobre los animales con texturas nuevas; solo así, con los cuatro elegidos, salimos contentas.

En el camino de regreso, traté de recordar a Francois Vallaeys, en el preámbulo de su narración sobre Pulgarcito, pero no tenía muy definida la trama, pensé que si hablaba de álguien pequeño mi bella Primus Ceps se identificaría. Cuando me hallaba entrando a la casa con los libros recién adquiridos, iba apareciendo en mi memoria esos ojos de Francois en el escenario, cortando la tensión de la espera "Hay cuentos infantiles, que a muchos les gusta, pero estos cuentos que les gustan son... muy ... - aguzando su voz en la oscuridad- sangrientos, muy fuertes, haaarta sangre, muahaha pero así están hechos y yo les voy a contar tal como fueron narrados desde la tradición oral de antaño, con ustedes: Pulgarcito" . Me heló la carne.


Tiré todo en el sofá y corrí a la habitación a leer antes el Pulgarcito ese, no recordaba lo de los padres que lo abandonaron por falta de comida a él y a sus hermanos en medio del bosque (Eso no era Hansel y Grethel? Tenían mucha costumbre de deshacerse de los hijos desde esa época?! y lo incluían tan normal en sus cuentos?!) Tampoco recordaba la parte en que caen en la casa de un ogro "come-niños", y que Pulgarcito engañó "habilmente" al ogro para que no se comiera a sus hermanos sino a sus propias hijitas.


Está demás decir que me hallaba horrorizada, sorprendida, espantada, a este cuento sólo le faltaba el CD con la música de Bernard Herrman en Psicosis. De pronto, sacándome de la escena de Janeth Leigh, mi Primus Ceps  pone sobre mis manos el libro elegido para leerle: "Albertina" de Ericka Stockholm, cierro Pulgarcito y lo pongo lejos, muy lejos para fingir que las zapatillas de lana de Albertina son lo único que existe en el mundo.

Ahora adora ese cuento, a pesar que ya he puesto otros tantos en su librero, sigue queriendo a Amatina. Y yo, sigo pensando en Pulgarcito. Tenía razón Francois "Los cuentos no están hechos para dormir a los niños, sino para despertar a los adultos".









5 comentarios:

Jorge Ampuero dijo...

Como van las cosas en literatura infantil, personalmente prefiero leerle la biblia a mi sobrinita antes de dormir.

Saludos ;-)

Asae Nunt dijo...

ve... peor con lo de la Biblia, más terror...

Jorge Ampuero dijo...

Te hago saber que la Biblia no tiene nada de terror, mucho menos para los niños, sería bueno que la estudies para descubrir su verdad. Por otro lado, agradezco tu apreciación sobre la última poesía posteada en Verso & Prosa. Siempre es saludable valorar la honestidad para la crítica sobre todo literaria.

Saludos.

♥Curly Girl♥ dijo...

uy! cuando tenga mi bebita tambien querra que le lea cuentos, y asi no quiera le quiero inculcar la lectura, la escritura y todas las artes....jejjee

espero todo te este yendo bien querida amiga! besos

P/D : aun no doy a luz...ya muy pronto

Asae Nunt dijo...

Todo va a salir recontra bien!!! cuando nazca pon una foto siquiera pes :-) Los mejores deseos para el nuevo año!!!

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