19 diciembre 2014

Gabo en Bogotá

Las mismas calles que pisaste, la misma Plaza que mirabas, yo buscaba al colombiano más colombiano de todos y no te hallaba. Gabo, ¿dónde, cómo, cuánto tiempo viviste en Bogotá?, leí que andabas en tranvía y paseabas por la plaza Bolívar, señalando que era una ciudad de Poetas. 

Quedaba poco para culminar las jornadas de días completos. Aún podemos escaparnos en el almuerzo, dijo ella. No creo, salvo que lleguemos tarde a la segunda parte de la plenaria. No, salimos una hora antes del almuerzo y regresamos exacto. Arriesguemos pues. Y me inyecté un poco de su adrenalina. Seguro la debes recordar Gabo,  te conoció en Cuba, andaba buscando su bastón negro y te preguntó por él, tú volteaste a mirarla y le habías dicho con tu gran sonrisa "Seguro se lo habrán llevado unos anarquistas", ambos se rieron, no sé cómo ella se aguantó para no abrazarte días enteros como lo hubiera hecho yo.

Tomamos un taxi con otras amigas, y en el centro bajamos, emocionadas ante la nubosidad de un cielo lleno de palomas. Ellas prefirieron ir al centro de artesanías, y nosotras, como si nos faltara oxígeno deseábamos entrar primero a la Casa de Botero. Y nos separamos.

Miles de fotos, maíz, catedral, palacio, calles estrechas. Ella sabía dónde ir, había vivido seis meses en Bogotá, Botero nos esperaría a tres cuadras de la Plaza Bolívar, con su mano gigante, esculpida para aplastarnos la ignorancia.







Corriendo entre los salones, en nuestra inútil batalla contra el espacio-tiempo, salimos sin culminar el total de la visita; al frente, una exposición dedicada a tí, el mural "Celebrando a Gabo" me contó más de tu vida en tu país. El más grande de todos los grandes impregnado en un muro grandioso, no pudimos entrar a la muestra de la Cámara del Libro, pero la satisfacción de los lienzos difuminados permanecía gratamente en mí. 







Conocí una Bogotá llena de gente muy amable, que te orienta, te acompaña y te cuida; también, que sus sonrisas y amabilidad contrastan con las paredes de la ciudad. El pueblo ha tomado los muros para expresar aquello que las fuerzas de uno y otro bando no permiten decir en voz alta. Con los años, la violencia había enseñado a callar ante los ojos de los extranjeros la peligrosidad de sus calles, Bogotá, se convirtió en la ciudad del Graffiti







En algún momento había visto un monumento de una persona parada con una bandera colombiana, me dijeron que era Jaime Garzón, por el taxista me enteré que se trataba de un humorista político que fue asesinado por los paramilitares. Luego, en mi regreso al hotel, vi este mural, también dedicado a él:


 "Y hasta aquí las sonrisas, país de mierda"; se trataba de un parafraseo de lo que dijo un comentarista deportivo el mismo día del asesinato de su compañero de canal. "Y hasta aquí los deportes... país de mierda"


No me alcanzan las fotos ni las palabras para describir más de Bogotá. Espero volver Gabo, a conocer otra ciudad de Colombia, quizá donde pasaste la etapa más feliz de tu vida, escuchando los relatos de Tranquilina, tu abuela inspiradora.
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