06 julio 2017

Iuvenis

Nunca pienso ser viejo. El alma nace vieja y se va haciendo joven. Esa es la comedia de la vida” (Lord Illingworth)
Y el cuerpo nace joven y se va haciendo viejo. Ésa es la tragedia” (Mistress Allonby)
De la obra de teatro “Una Mujer Sin Importancia”, Oscar Wilde 1893
Iuvenis prepara un batido de plátano y proteínas, aún tiene en su cabeza las instrucciones de su entrenador recomendándole un régimen más estricto para aumentar su masa muscular. Bebía del vaso de la licuadora mientras se observaba en el único espejo de su casa, no era mal parecido, alto, cabello corto, piel joven, cejas oscuras, ojos negros y pequeños, su rostro delgado testimoniaba una falsa edad de 24 años, nadie creería el año en que realmente nació.
Ya era media noche y se dispuso a revisar la página de memes hilarantes que administraba con unos amigos. El éxito que tuvieron se reflejaba en la rebosante cantidad de seguidores, casi todos jóvenes, cuyo tiempo libre abarrotaba el fan page de muchos me gusta, me encanta, me divierte, y cientos de comentarios en los videos e imágenes que compartían. El rápido movimiento de sus manos para presionar las teclas del computador era el único sonido que alertaba a los gatos de la casa. Él se dedicaba a leer cada impresión y respondía diligente, con la mirada de quien se cree el todopoderoso, a cada una de las almas memeadictas.
En medio del silencio de su habitación y el mar de voces virtuales, un comentario destacó por sobre todos, no sólo por la imagen de un perfil extraño, con una calavera rockera, sino por el estilo campechano de una chica que se sabía conocedora de la cultura popular. Él le respondió en el mismo tono franco y culturalmente pertinente, ella reaccionó en segundos. Ambos estaban despiertos, contactándose desde quién sabe qué parte de la ciudad, él le dijo para salir a cenar, ella respondió que sí; finalmente, para ella la conversación era con la fan page de memes y no con él, un tipo sin vida familiar.
Observar su perfil sólo lo convenció que esa broma de salir a cenar tenía que volverse realidad, los gustos de ambos, los comentarios de noticias e imágenes compartidas en sus muros personales reflejaba una vez más que no se equivocaba, esa chica era especial, porque finalmente, se parecía mucho a él y como por obra del destino, ambos no tenían fotos de ellos mismos, sólo de sus grupos de rock favoritos. No se contuvo más y le escribió desde su perfil personal.
Ambos descubrieron que tenían los mismos temores de la vida, los mismos conflictos con la familia, intercambiaron teléfonos y se contactaban todos los días, pero el encuentro siempre se posponía por asuntos personales de ella. Si bien no tenían la misma edad, no tuvo reparos en mentirle, diciéndole la edad que todo el mundo le atribuía, aunque era plenamente consciente que cuando esta jovencita de 19 años se enterara de las 20 vueltas al sol que los separaban, habría una crisis en la magia que ambos estaban descubriendo. Le argumentaría, como a las anteriores, que para el verdadero amor eso era una minucia, que podrían ir de la mano a jugar videojuegos o comprar libros en las ferias de literatura sin tener vergüenza de nada, enfrentarían al mundo con su amor, lejos de estereotipos impuestos por la sociedad.
El día de conocerse llegó, durante las cuatro semanas de conversaciones y confesiones, ninguno tenía la foto del otro, no sabían físicamente cómo eran. Para él se trataba de una demostración de amor puro, quererla así, sólo porque era genial, aunque en el fondo tenía la certeza que todo entraba por los ojos, y se dedicó con más esfuerzo a sus horas de gimnasio.
Ella desconfiaba de la perfección que los rodeaba, tener los mismos gustos, hablar los mismos idiomas, por ratos le entraba la paranoia, pero finalmente accedió a un encuentro frente a su universidad.
Le pareció verla, pero no se parecía a su descripción, de pronto se hallaba en la esquina de una avenida transitada buscando el rostro de una chica de 19 años, se sintió un poco ridículo, pero el amor que le subía por el cuerpo lo mantuvo firme en la espera. Divisó a una que por la ropa encajaba en la descripción que ella le dio antes de salir, trató de buscar a otra chica con un polo de color negro, probablemente se trate de una persona distinta que casualmente también tenía el cabello ensortijado y el morral de yute de colores tierra; definitivamente no podía ser esa mujer que veía ansiosa el semáforo para poder cruzar; no, no podía ser ella, la de los audífonos enredados en su pelo descuidado, no podía, aunque el ritmo de su cabeza se moviera al estilo rockero sin sentido.
Cómo evitar mirarla sin auscultarla de pies a cabeza, la imaginó de todas las formas, incluso poco agraciada de rostro pero nunca, él en sus horas de gimnasio y sus mañanas de desayuno de frutas y proteínas, se imaginaba lo inmensa que sería, no sólo por aquellos muchos kilos de más que tenía, sino por ser más alta que él. La cámara lenta de su voz, saludándolo con un beso en la mejilla y diciéndole “Hola Iuvenis”, terminó por congelar su corazón. En ese momento se dio cuenta que sólo estuvo enamorado hasta el segundo antes que el semáforo se pusiera en rojo.
***** -.-*****
Otra noche en su casa, llega despacio con la comida para sus 10 gatos, ya no le cabe espacio para la nueva camada que ha nacido, si tuviera a alguien que lo ayude sería feliz, pero a los 70 años y un dolor de rodillas que no se lo quita el ungüento más preciado, ya no tiene a nadie, es un poco difícil encontrar chiquillas que te quieran ayudar en casa mientras le pagas los estudios.
Enciende su celular, ninguna llamada o mensaje. Se sienta en el sofá maltratado y piensa, como cada noche que se siente más solo que nunca, que tal vez debió seguir con aquella chica gordita a la que dejó de hablar cuando la conoció. Aún recuerda esa sensación que tenía mientras cenaban, cerraba los ojos por ratos, no lo podía creer, se preguntaba dentro de sí “¿dónde estás? ¿Dónde está la de las llamadas, la de los mensajes de amor, dónde está la que imaginé?”, tragaba la sopa y se aguantaba las ganas de salir corriendo para no parecer maleducado. Ahora, 30 años después le daba vergüenza esa sensación.
(Una colaboración mía para la página No Todo Es Cuento)

31 mayo 2017

Gusano en extinción


Porque en cada momento que no existes, realmente estás.


Estas líneas las escribo en una pausa del trabajo, en medio de hamburguesas que me prohibí semanas enteras y manzanillas que me animé a preparar en un vaso de vidrio. Digito las palabras escabulléndome de conversaciones sobre género, feminismo, aborto terapéutico y acciones de incidencia, esas que tanto criticas y que tanto debatimos en el taxi camino a tu afamada covacha.

Ya no somos meros ex enamorados, sino confidentes, de esos que se conocen sus cuitas como la palma de la mano, y que al recordarnos nos amamos nuevamente, pero no el uno al otro, si no a nosotros mismos. ¡Qué diáfana relación!, besarnos mientras me cuentas cuánto te gusta ella, y yo te saco el polo de chico universitario mientras te cuento cómo se llama quien me gusta, te muestro su foto y le pones apodos y yo sólo te miro traviesa, como quien comparte sus cartas pokemón go y se sabe triunfadora en cada jugada, cuando realmente el verdadero jugador eres tú.

Las relaciones humanas siempre me han sorprendido por su maleabilidad y capacidad de cambiar realidades en menos tiempo de lo que vive una hormiga. Te deseo en el mismo espacio tiempo en el que te deseé la primera vez, enfrentando tu parsimonia y tu fingida calma, esa que vuelve locas a las chicas, quienes esperan un lanzado beso tuyo, pero no lo das y no porque no quieras, simplemente no te desesperas, ni invades con la primitiva reacción de quien se sabe macho alfa.

Camino al mercado me preguntaba, ¿qué hago yo aquí? si hace 14 años no me veía pisando nuevamente tus calles, ahora se borra esa tristeza incierta que sentía al ver la esquina de tu casa cuando un carro lejano pasaba por aquel Puente Nuevo que siempre lucía viejo. Mientras comprabas las frutas me decía, ¿realmente sigue una dieta este hombre? ¿Porqué parece de 23 años? ¿el plátano licuado con proteínas será su elíxir de la juventud? ¿Porqué parezco tu hermana mayor?  Entramos a tu casa con las compras.

El palacio tiene nuevos obstáculos, tu desorden me hace sentir mejor con el mío, no estoy tan mal me digo; acaricio tus gatos, les quiero como si fueran míos, llevo la bolsa a la cocina y me detienes, no quieres que enfrente ese espacio que odio. Nos besamos y nuevamente nos tiramos a la cama sobre tus sábanas desordenadas y tus juguetes de niño. 

Es media noche, me retiro del trabajo, termino este post. Sólo puedo desear que te salga algo bien bonito, que no haya necesidad de mentirle y que se enamoren añazos y tengas esa familia que niegas querer, pero en el fondo sé que lo deseas más que nunca con ella. Por mi lado, sólo puedo decirte que tengo tranquilidad y cariño y muchas ganas de crear. Ah y tenías razón, eso de "estudianta" era una exageración, pero me encanta discutir contigo, gusanosaurio!

23 mayo 2017

No creas...

No creas que no me acuerdo
que aún eres parte de mí,
que tengo tus antepasados y tu ser corriendo por la casa,
que tengo tu sonrisa cada mañana,
tu mirada y gestos en los suyos...

No creas que no me acuerdo de tí,
que no pienso en qué podrido momento nos enamoramos (sí, NOS),
que tu cuerpo y el mío crearon vida
y a pesar de odiarte, espero lo mejor para tí.

No creas, siquiera, que yo volveré a sentir algo por tí
que volveré a desearte
que volveré a pintarte
a escribirte o a besarte.

Entiendo tu juego y tu estúpida lentitud 
no entiendes que soy más inteligente,
más orgullosa y, quizá, más madura
que tú...
Crees que no me cansan tus cuentos de antaño
tus idas y venidas
tus "mañana sí, de veras".

No creas, no creas, en serio, no creas que te creo.


Tan cansada estoy que me duermo con la Bruni, que no es tuya, ni de ellas, ni mía, es de esos momentos como este, en que sólo te sale cantar para no llorar de furia



El hombre que amaba a los perros



Todes soltábamos carcajadas y disfrutábamos de la cena en un segundo piso, sintiendo la brisa del mar chorrillano y el calor de una noche de casona antigua, llena de obras de arte. Cada une llevó un plato especial y bebidas para compartir regalos y amistad sincera. Me extrañaba estar en ese grupo tan diverso, con genialidades de distintas artes, visiones y modos de vivir.

La hermosa, en cuerpo y alma, me hacía bromas y, los hermosos en cuerpo y sensibilidad, me hacían preguntas para retarme luego a los castigos; otra amiga recibió con agrado el regalo que me tocó obsequiarle, y minutos después el que siempre me pareció el chico star de las colegialas (que se le acercaban por materiales sobre diversidad cultural en las ferias) se paró y dijo algo como "A mí me toca dar un regalo a alguien especial, muy segura de lo que quiere y de sus convicciones, cuando me tocó como amiga secreta me dije ESTE regalo es definitivamente para ella".

Emocionada, rompí el papel kraft que envolvía un maravilloso libro de 768 páginas, miré la foto de la portada y me preguntó ¿lo reconoces? Dije que me parecía conocido.


EL hombre que amaba a los perros, del escritor cubano Leonardo Padura legó a mí ante la expectativa que todos pusieron sobre mi reacción. Mi relación con ese libro fue inicialmente conflictiva debido a la prosa llena de adjetivos que usaba el escritor para relatar momentos que debían ir, a mi criterio, mucho más rápidos. Tal vez era mi impaciencia por el llegar a la parte en que hablaba de Trotski. No obstante, no se trataba de la historia con el líder revolucionario, sino con su asesino, al que conoció una tarde de playa mientras iba a contemplar el mar y leer los libros que le encantaban.

Me veo sentada en esa playa, observando los galgos rusos correr por la arena, con el guardaespaldas observando en silencio, me veo parada frente a Iván  leyendo a Mario Vargas Llosa (¡En Cuba!) cuando se acerca ese espía español de la Unión Soviética,  me alejo inmediatamente y lo odio con todo mi ser, me aparto y veo cómo le cuenta a Iván (el superego de Leonardo Padura) sus vivencias como anarquista y luego enviado de Stalin.

No pude evitar quedar atrapada en las escenas de entrenamiento militar, de encuentros en países distintos con el agente ruso, el contacto de su madre con espías, el plan maquiavélico de una muerte moral y física para Trotski, la tristeza por la muerte de sus hijos, el exilio y la manera en cómo se infiltró este espía me causó, sobretodo, honda pena porque finalmente, Stalin se salió con la suya en ese momento de la historia, aunque ahora la humanidad lo recuerde como el asesino que es.

Mi relación con ese libro fue larga, lo llevaba a todas partes, y tengo las últimas 10 páginas por terminar, no quiero que acabe, quiero saber si la culpa y el saber la verdad por parte del espía lo hizo sentirse, al menos, mal.  ¿Saberse un mero instrumento de un odio político le habrá hecho sentir vergüenza y arrepentimiento?

10 mayo 2017

Temptatio


"La única manera de librarse de la tentación es ceder ante ella"
Oscar Wilde



Cómo hablar de ti sin recordar tu rostro en medio de la mañana, reflejo de un esfuerzo que nace desde la oblicuidad de tus músculos, siempre abrazando mi cuerpo para nacer nuevamente de mí, una y otra vez.

Cuando cerramos la cortina y nos sentamos, se enfrentan nuestras sonrisas, entendemos que hay un implícito comienzo y final de algo que no podrá ser dañado por sentimientos de amor, ni de angustia, ni de posesión; nuestra respiración ansiosa se vierte como el agua fría que invade nuestra espalda y nuestros vientres.

Mientras sudamos, mi cerebro viene esculpiendo un rostro con tus labios siempre delgados, tu perfilada nariz, tus sienes de porcelana que hacen brotar definidas cejas hermosas como si nacieran en medio de un mar congelado, lleno de nieve y frío de invierno; luchas con mis ojos para no ser considerado sólo bello, tratas de hallar oxígeno en medio de esa pelea que fingimos aguantar. ¿Acaso ser libre implica no atraparte en mis recuerdos, no dibujarte, ni describirte en ningún texto?

No puedo, y el universo lo sabe, no puedo quitarme de la cabeza tu rostro de placer, ni la fuerza de tus piernas y el poder de tus labios; cuánta energía en un sólo semidiós y no poder gritarlo al mundo, porque finalmente somos tan extraños, tan dispersos en horarios y obligaciones, sabemos que hay sentimientos que brotaron muertos y sólo se avivan una mañana o una tarde breve, sin llorar ni esperar nada a cambio.

Me encantas y te escribo, me gustas y te dibujo, te pienso y no te lo digo, existes y no estamos. No arruinemos esto, no nos veamos más.


Asae Nunt




02 abril 2017

Excapulare

"Sueña el rey que es rey, y vive
con este engaño mandando,
disponiendo y gobernando;
y este aplauso, que recibe
prestado, en el viento escribe,
y en cenizas le convierte
la muerte, ¡desdicha fuerte!
¿Que hay quien intente reinar,
viendo que ha de despertar
en el sueño de la muerte?"
PCB


Mi espalda recibe un abrazo inesperado, es una mujer, fría, de cabello largo y negro, es joven, lo sé por su sonrisa bulliciosa cerca a mi oído, siento que su intención es apresarme, pero no entiende cómo hacerlo ni para qué. Le pregunto, sin salir de mi asombro, ¿Qué hace? No me contesta.

Escabullo mi cuerpo al fin, se ríe horrorosamente, a pesar de aparentar juventud en sus cuerdas vocales su rostro es realmente viejo, sus cejas canas y su piel descolorida me revelan que es la muerte, su ropa negra lo reafirma, es la muerte. Mi corazón palpita a mil por hora, me asusto, qué le puedo decir, si a todo lo que le pregunto sólo se ríe y mira al vacío. 

¿En serio ya me toca? ¿A quién le toca? ¿Por qué me apresa? y ¿cómo así se lleva a la gente abrazándola? Esta es una de las tantas experiencias extracorporales, sé que quedará aquí, pronto alguien sacudirá mi cuerpo de la cama para despertarme, quizás no, tal vez sí.

El aire deja de recibir luz, ya no aparecen los abrazos forzados, ahora es ella quien se desvanece y no tiene quien la sostenga, se muere de dolor y no puedo ayudarla, la muerte se muere frente a mí y no puedo ayudarla. El horror me congela y me despierto.

El despertador me alerta que es hora de levantarme, debo llevar temprano a mi tío a su consulta en Neoplásicas.

18 enero 2017

Tardío


Y resulta que, un par de años después de haberte ganado ese premio literario, me vengo a enterar que ese relato me tenía de personaje. Lo más raro fue descubrirlo por casualidad, el buzón electrónico me alertó de un exceso de recuerdos, varados allí hace más de una década, advirtiendo que elimine mi pasado porque mi futuro peligraba, ya no recibiría nuevos recuerdos ni generaría ninguno más.


Eliminando fotos laborales, archivos innecesarios, observé que tenía un sinnúmero de mails en la carpeta "borrador", utilizado hasta ahora como memoria provisional cuando debía guardar algo rápido. Exploro ese mail "sin asunto" y allí estaba tu famosa prosa; al inicio supe que eras tú por tus típicas citas de escritores no tan conocidos en el epígrafe. Luego dudé, porque me parecía tan fabulosamente escrita, tan bien hecha, que me preguntaba si no era Cortázar, en su estilo cronopiano, quien realmente escribía ese texto. Me hallé desolada, a pesar que no entendí ni mierda de las descripciones surrealistas, sabía que estaba allí. Entonces no podía ser de Cortázar, no, era tu texto, que seguramente lo tenía porque me lo habías pasado en un chat y yo en mil cosas y habré opinado ah sí, luego lo leo. Tal vez solté un, no entendí; y lo dejé allí. Ese año no recuerdo haberme visto.

Y hoy 18 de enero del 2017, sólo quería gritar que Me Vi.

Sólo eso quería escribir, y que si un día nos sentamos con un par de helados como antes, podría decirte qué fue lo que en verdad me molestó de tí, o lo que en verdad quería en ese momento, o lo que pasó justo un mes después de nuestro último abrazo-beso-pelea, o lo que pasó un mes antes que me llevaras a mirar el horizonte insistiéndome en regresar. De pronto la tarde en mi ventana se oscurece, y la pregunta madura de prisa, revienta empalagosa y me suelta su ridícula existencia ¿y eso qué importa?

Sí pues, tal vez ahora no sea importante, ni tendría el mismo impacto el llamar o escribir para felicitarte por tan buen escrito, desear que sigas adelante, que pronto obtendrás el Nobel y así, como siempre he sido, motivadora con las verdaderas promesas, cuántos emoticons se dejaron de escribir por no revisar este texto a tiempo.

Lo lanzo al ciberespacio por si aún me lees.

Ansu
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::::::ORBIS TEXTUS::::::